Negocios en Navarra, octubre de 2013
Emilio Huerta, miembro de Institución Futuro
Estamos ante un punto de partida de un crecimiento lento pero que señala unas expectativas bien distintas a las que hemos tenido hasta ahora. Pero la profunda crisis económica de estos años ha dejado una pesadísima herencia, unas notables hipotecas que resultarán difíciles de evitar en los próximos años y condicionarán la trayectoria de crecimiento que vamos a seguir.

En este contexto, ¿Cuál ha sido el comportamiento de la sociedad navarra ante estas enormes dificultades?

La actitud más generalizada de los principales líderes económicos y sociales; políticos, sindicalistas, representantes empresariales, altos funcionarios y académicos y de los ciudadanos en general está siendo, a mi juicio, la de ofrecer una notable resistencia al cambio. La actitud más extendida en nuestra sociedad ha sido la de aguantar y sufrir con resignación los tiempos difíciles esperando que el temporal amaine y vuelva a brillas el sol. Por eso, se confunden ajustes y recortes inevitables y dolorosos con reformas.

Se abordan las dificultades de muchas empresas con reducciones en el empleo y ajustes salariales intensos para mejorar su posición de costes, pero sin repensar los modelos de gestión que se han utilizado y que crecientemente se manifiestan obsoletos para competir en un mundo más exigente. Los ciudadanos observamos con perplejidad, resignación y condescendencia los sacrificios que se piden a distintos colectivos, mientras no seamos nosotros a los que se nos demanda la cuota de esfuerzo y solidaridad porque entonces actuamos con ira y contundencia en la defensa de lo nuestro. En esta difícil situación una cuestión de interés es la de repasar las reformas institucionales de alcance que en estos años de dificultades extremas hemos abordado. El panorama resulta bastante desalentador. El balance de los cambios abordados es realmente modesto. A título de ejemplo repasemos algunos ámbitos.

¿Hemos impulsado la mejora de la administración pública?

Se han realizado ajustes y reducciones de plantillas de empleados públicos y se han congelado las plantillas de funcionarios pero no estamos modernizando la administración pública ni dotándola de más talento ni mejorando la regulación. Tampoco hemos simplificado los trámites y reducidos los costes burocráticos en los que incurrimos ciudadanos y empresas, cuando nos relacionamos con la administración. No tenemos hoy un sector público ni más ágil, ni más eficiente ni más innovador que cuando comenzó la crisis.

¿Hemos mejorado el sistema de ciencia y tecnología para reforzar el contenido tecnológico de nuestra economía?

No parece que estemos invirtiendo en infraestructuras del conocimiento, más bien, al contrario, se reducen los fondos para la investigación y el desarrollo tecnológico, tampoco parece que apostemos por estrategias de colaboración e innovación entre empresas, centros tecnológicos y universidades. Estamos reduciendo los recursos dedicados a la investigación y estamos perdiendo talento e investigadores jóvenes que son el futuro de la ciencia y del desarrollo tecnológico.

¿Hemos mejorado el entorno industrial haciéndolo más competitivo?

Resulta descorazonadora la ausencia de una estrategia industrial discutida y compartida por los principales protagonistas de la acción colectiva, empresas, trabajadores y administración. Una estrategia de abajo hacia arriba que defina incentivos y programas que modernicen la economía y las empresas. No hemos avanzado en el desarrollo de clusters ni estamos construyendo un entorno donde la cooperación entre empresas e instituciones para alcanzar objetivos compartidos, avance.

¿Se han modernizado las empresas?

La crisis ha tenido unos efectos devastadores sobre muchas pequeñas y medianas empresas, un número importante de empresas ha desaparecido teniendo un impacto relevante sobre la creación de valor y el empleo.

Pero las que sobreviven, ¿están abordando en serio la modernización de su capital tecnológico y organizativo? ¿Hemos establecido mecanismos e incentivos fiscales y financieros para ayudar a las empresas a hacer la transición hacia modelos de gestión más adecuados para competir en el mundo?

La evidencia disponible sugiere que no.

 


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