Expansión, 8 de mayo de 2004
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
La gran ventaja de Zapatero es que tiene tiempo para persuadir y aplicar la cirugía severa que España necesita.
La gran ventaja de Zapatero es que tiene tiempo para persuadir y aplicar la cirugía severa que España necesita.
Nuestro nuevo Presidente cuando elaboró su programa electoral no pensó que llegaría a La Moncloa. Prometió entonces todo aquello que sonaba atractivo para captar votos, con la confianza de que no tendría que cumplirlo. Los atentados del 11-M provocaron una fuerte crispación social; la inmediata manipulación de la rabia desatada consiguió convertir al arrogante Aznar en el chivo expiatorio en el que descargar el odio colectivo. El triunfo del Partido Socialista bien podría ser un fracaso para España si el Presidente no admite que algunas de sus promesas electorales son incompatibles con un ejercicio del poder responsable.
Para los días que lleva gobernando, Zapatero ya ha cometido errores. Sobresalen el fiasco del cierre de la negociación agraria comunitaria, la insolidaria precipitación en la retirada de las tropas de Irak, el parón al Plan Hidrológico y la suspensión de la LOCE. También resulta polémico un gobierno paritario entre mujeres y hombres. Alguna de mis amigas se ha sentido ofendida con esa discriminación positiva. ¿Están ahí por ser valiosas o por ser féminas? La obligación de un presidente es seleccionar los mejores profesionales para sus ministerios, sean mujeres u hombres.
Las promesas que más me preocupan son, de un lado, las relacionadas con la vida humana (la investigación con embriones humanos y el aborto a gusto del consumidor). De otro, aquellas proposiciones que pueden comprometer el futuro económico de nuestro país. Así, me inquieta la renuncia al cumplimiento anual de la estabilidad presupuestaria a favor de conseguirla en la legislatura. Ahora se puede, y la mejor demostración es el superávit conseguido por Aznar y Rato. Si este año se endeudan, el año que viene el débito será mayor, porque el déficit en un ejercicio hace más probable el del siguiente. Es también un engaño creer que endeudarse mejora la economía; tan sólo beneficia si es por una inversión rentable, no por un aumento del gasto público en funcionarios o beneficios sociales. Francia es una buena demostración de que la deuda agrava lo que pretende resolver. Debiéramos escarmentar en cabeza ajena. Además, tomar deuda para vivir nosotros mejor es una canallada: es robar a unos niños que no pueden defenderse del atraco.
Aunque las cuentas públicas están ahora saneadas, España no tiene una situación económica tan sólida como el Partido Popular nos ha hecho creer. La construcción y el consumo interno actuales no garantizan nuestra fortaleza. Ambos son factores volubles. El bienestar se consolida cuando la lucha por mejorar la productividad y el desarrollo tecnológico forma parte de la cultura de las empresas. Estados Unidos es un buen ejemplo.
Me agrada el compromiso de Zapatero de impulsar la investigación. Le deseo que ponga el énfasis no sólo en disponer más recursos, sino sobre todo en que se inviertan con acierto. Si no hay una evaluación seria de los proyectos, dilapidaremos el dinero. También es encomiable la promesa hecha en el Colegio de Economistas de cortar los abusos en la asistencia sanitaria mediante un copago disuasorio. Me temo que éste es el compromiso que no va a cumplir.
Zapatero debiera emular la valentía que tuvo Felipe González en acometer reformas tan necesarias como impopulares. Necesitamos mejorar nuestra competitividad en el mercado internacional. La reconversión que exigen los nuevos tiempos precisa una mayor flexibilidad laboral, unas prestaciones del desempleo que incentiven la búsqueda de trabajo, el fomento de la iniciativa emprendedora y una gestión más eficaz del sector público que permita liberar recursos para que los ciudadanos promuevan actividades. Estado, no nos resuelvas la vida; crea las condiciones para que nosotros podamos hacerlo.
El síndrome electoralista es el cáncer que está malogrando la gestión de los gobiernos europeos. Las medidas moderadas son insuficientes. Ya no satisfacen ni a los privilegiados del sistema, ni a la sufrida clase media, consciente de que es un parche más. Raffarin, Schröder y Berlusconi son ejemplos de liderazgos fracasados por las políticas tibias. El secreto para que esas medidas sean aceptadas reside en saberlo explicar a la ciudadanía. Hace falta generar un estado de consciencia colectiva de que hay que trabajar más y exigir menos beneficios sociales. Los medios de comunicación deben estimular la austeridad en el gasto público. No se trata de alarmar, sino de convencer de la necesidad de asumir las duras reformas que precisamos.
Thatcher en los años ochenta y los políticos de los gobiernos que hubo en los años noventa en Alemania, Irlanda y los países escandinavos son ejemplos de actuaciones exigentes, cuyos políticos fueron premiados con la reelección. La gran ventaja de Zapatero es estar al comienzo de la legislatura. Tiene tiempo para persuadir y aplicar la cirugía severa que España necesita. Sr. Presidente: viole sus promesas electorales sin complejos. Utilice el talante del que hace gala para convencer. Robe el programa que hicieron sus adversarios, proyecto que es el que se elaboró para gobernar. Será el modo de que repita mandato.

Institución Futuro
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