Expansión, 17 de enero de 2004
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Los legisladores son los responsables de que subvencionemos al alumno borrachín que prefiere las fiestas de su pueblo a presentarse a un examen.
Los legisladores son los responsables de que subvencionemos al alumno borrachín que prefiere las fiestas de su pueblo a presentarse a un examen.
Era una mañana de septiembre en la que estaba corrigiendo el examen que acababa de poner en un curso de ingeniería cuando me vino a ver un estudiante que no se había presentado a la prueba. Se trataba de un alumno del que tenía una impresión excelente por su comportamiento en la clase. Me indicó que no venía a suplicar otro examen; que me apreciaba, y que tan solo deseaba justificar su ausencia. Advertí en ese momento que el estudiante venía algo bebido, y preferí limitarme a escuchar. Me expresó la ‘contudente’ razón que había motivado su incomparecencia cuando me dijo que, “por un puñetero examen no estoy dispuesto a fastidiarme las fiestas de mi pueblo” (bueno, lo dijo con palabras más gruesas). Ésas eran sus prioridades. Cuando le increpé acerca del derroche del dinero, me respondió que el importe de la matrícula eran cuatro gordas, que podía obtener fácilmente trabajando unas cuantas noches como camarero en un bar de su localidad. Dado su estado, preferí no discutir y me despedí cortésmente.
Al quedarme solo, me indigné contra tanto legislador manirroto con los dineros ajenos. Obviamente para este alumno son ‘cuatro gordas’ los derechos de su matrícula porque el 80% del coste de sus estudios se lo pagamos los demás con nuestros impuestos. El elevado porcentaje de alumnos que no aparece a los exámenes está robándonos a los resignados contribuyentes. Lo peor es que no existe ninguna conciencia del delito social que supone esta quema del dinero público. Si ese inmaduro defraudador estuviera estudiando en una universidad privada, y todo se lo tuviera que pagar de sus propios recursos, probablemente hubiera sido más responsable. De otro lado, ese pequeño malversador ha quitado el puesto a alguien que deseaba hacer esa carrera y no obtuvo plaza.
Incluso en algunas universidades el timo al contribuyente es mayor, puesto que no ‘se consumen’ las seis convocatorias legales mientras no se comparezca en el examen. Así, el alumno seguirá estafando todos los años que los festejos de su admirado pueblo coincidan con los exámenes. ¿No les parece a ustedes que quienes crean esas normativas de subvencionar sin ningún tipo de control los estudios universitarios resultan más culpables que las que los dilapidan? Al ver este panorama me seduce la idea de convertirme en un objetor fiscal.

Educación Secundaria
Así como creo que el Estado debe proporcionar un digna Educación Secundaria a todos los ciudadanos hasta que éstos superen la mayoría de edad, considero que es muy discutible si debe sufragar la formación superior. No creo que sea conveniente la concesión de una subvención con carácter universal que alcance el 80% del coste. En todo caso, convendría bonificar a aquellos estudiantes que demostraran tanto un suficiente aprovechamiento académico, como una carencia de medios económicos para costearse la universidad. En general, no hay conciencia por parte de los alumnos y de sus padres de la enorme inversión que suponen los estudios superiores y, lo que es peor, tampoco la sociedad aprecia el enriquecimiento personal que proporciona la universidad. Lo que se da gratis nunca nos parece demasiado valioso, al no costarnos esfuerzo económico alguno.
En otros países la financiación de las universidades está cambiando. En Estados Unidos las tasas medias de las universidades públicas han subido un 14%, desembolsando el propio estudiante un 41% de las tasas (1.682 dólares). Las tasas de las universidades privadas cuestan 19.710 dólares, esfuerzo económico que muestra la valoración que reciben este tipo de centros. En Francia las universidades tienen graves dificultades. Así la Universidad París IX decidió cerrar dos semanas para ahorrar gasto de luz y calefacción, medida que la Universidad Toulouse III ha amenazado con aplicar también. Si el Estado no puede pagarlo todo acabará reclamando una mayor contribución a los universitarios galos.
En Gran Bretaña el gobierno laborista ha presentado un Libro Blanco sobre la financiación universitaria. Esta proposición va a suponer que las universidades puedan subir a lo largo de un trienio sus actuales tasas desde las 1.100 libras actuales por curso a 3.000 libras. Para conseguir esa cantidad los alumnos podrán solicitar un crédito que deberán comenzar a devolver cuando sus ingresos sean de 15.000 libras, a razón de un 9% anual de su renta. A mí me parecería espléndido que este sistema se implantara también en España, tanto para que los universitarios fueran más responsables, como para que merced a disponer de más recursos la universidad mejorase su calidad docente e investigadora.
Un amigo argentino, que tiene una gran preocupación social, me dijo ayer que en su país la universidad pública era totalmente gratuita, algo que él consideraba injusto, porque la universidad gratuita a los que más favorece es a los hijos de los ricos. Yo aprecio que lo realmente injusto no es que el rico no pague, sino que esos alumnos que actúan como ‘ricos’ despilfarren el dinero de los ‘pobres’ (los contribuyentes).

Institución Futuro
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