Por Patrycia Centeno, periodista especializada en comunicación política y moda.

Pese a la resistencia de la clase política, en general, a mezclarse con el mundo superfluo de la moda, es indudable que las tendencias inciden en ellos también. De otra forma, si un político no fuera acorde con las modas –la que “se lleva” y la que marca el protocolo– su imagen se vería dañada: quedaría alejado de la realidad que viven los ciudadanos. Y es que la vestimenta cumple dos funciones al mismo tiempo: por un lado, facilita la clasificación de una persona dentro de un grupo social; por el otro, permite el acercamiento entre personas que consideramos de nuestro mismo entorno. 

Los políticos se dejan seducir –a veces, hasta influir– por algunos caprichos de la moda pero sin perder de vista los mandamientos de su buena imagen profesional: seguridad, seriedad y proximidad. Así, es habitual ver a nuestros políticos acudir de lunes a viernes al Congreso con traje chaqueta y, el sábado, en el mitin con los simpatizantes, aparecer en mangas de camisa y unos dockers. “Durante la semana buscan formalidad; el fin de semana, proximidad”, me aclaraba Montse Guals, directora de la empresa de asesoría de imagen Qué me pongo.

Pero, ¿un político sólo puede convencernos de que sus ideas son sólidas cuando utiliza estilos tan convencionales? No, según el director de telegenia del Partido Popular (PP). “Todo depende de lo que quiera transmitir, siempre que coincida con su personalidad y no provoque rechazo (descrédito).” José Francisco Mendi Forniés, responsable de diseño e imagen de Izquierda Unida (IU), sostiene igualmente que lo más importante es que “la persona y su vestimenta estén acordes, ya sea con un estilo más formal o más desenfadado”. Mientras, Antoni Gutiérrez- Rubí, asesor externo del Partit Socialista de Catalunya (PSC), destaca que “no es lo mismo un debate de televisión o una comparecencia oficial, que un encuentro con simpatizantes.”

De todo ello se deduce que el estilismo de un político mantiene una estrecha relación –o así debería ser– con la ideología del partido al que pertenece. Lejos del acierto o desacierto de la organización de partido para ofrecer una imagen de estilismo coherente y adecuada, podríamos hablar de un determinado “uniforme político” –traje, camisa y corbata, para ellos–  que variará según los credenciales con los que cada grupo político postule. Del mismo modo, al estudiar el uniforme de una formación política observamos cómo éste evoluciona a lo largo de la vida del partido al mismo tiempo que lo hacen las caducas tendencias de moda y el desarrollo ideológico que cada momento histórico precisa y al cual la formación debe siempre saber adaptarse.

Por otro lado, es algo realmente revelador que setenta años después del fin de la Guerra Civil, en España existan dos colores que diferencien claramente a las antiguamente confrontadas ideologías conocidas como izquierda y derecha. Sin que se trate de un despecho lingüístico, las juventudes socialistas se denominan a sí mismas “nuevos rojos”.

La evolución de los partidos y el paso del tiempo han promovido la utilización de un estilo más acorde con las nuevas épocas. La verdad es que en estos momentos (al acercar posturas hacia el centro), los dos partidos mayoritarios (PSOE, PP) suelen vestir de forma muy similar. Si bien el PSOE tiene ciertos rasgos estilísticos que el PP no puede permitirse.

Haremos más, el libro de estilo del PSOE de las pasadas elecciones municipales y autonómicas celebradas el 27 de mayo de 2007, dejaba claro cuál era el uniforme a vestir dentro de las filas socialistas: “Negros, grises y marrones con estampados, si se utilizan, de dibujos pequeños para no generar demasiada confusión.” En la bienvenida de este manual de 33 páginas, José Blanco –entonces, secretario de organización del PSOE- aclaraba perfectamente la función de las siguientes páginas: “Debemos informar bien a los ciudadanos para que todos conozcan nuestras propuestas, nuestros programas, etc. Para ello, entre otras cosas, está la publicidad. Y para ello, entre otras cosas, está este libro de estilo. En su interior encontrarás los slogans que debes utilizar, el tipo de foto que debes hacer, la tipografía, su tamaño, y todas las piezas y formatos que puedas necesitar, para que tu campaña salga perfecta.”

Si bien, un partido de las dimensiones del PSOE “no cuenta con un asesor de imagen” –según asegura su departamento de prensa de Madrid-, su libro de estilo sobre la imagen en general, dedicaba un pequeño apartado al vestuario de sus candidatos. El motivo de estas pautas del vestir apropiado para una campaña, según muchos, era evitar escándalos del pasado como el que protagonizaron Trinidad Jiménez y su chupa de cuero. Así, Haremos más proponía que las opciones de vestuario para las imágenes fueran tres: “Americana con corbata y camisa blanca; camisa con corbata; polo o camisa sin corbata –como versión más informal”. El vestuario femenino debería tener las mismas bases que el masculino: “Traje chaqueta, blusa y sport.”

Y es que en este punto referido al “vestuario” lo que el partido pretende es “reflejar la naturalidad, frescura y modernidad de los políticos.” El look de los socialistas puede ser “amplio” pero pensando en que las fotos deben ser “atemporales, ni frío, ni calor, por lo tanto evitar tejidos de invierno”.

La profesionalización del departamento de imagen dentro del socialismo español lo encontramos, por ejemplo, en la formación catalana: el Partit dels Socialistes de Catalunya. A diferencia del PSOE, el PSC cuenta –no en casa, pero sí de forma externa– con un asesor de comunicación y consultor político que a la vez también se siente capacitado para llevar la imagen de este partido. Antonio Gutiérrez-Rubí lleva trabajando en este cargo desde 1998 y considera que el PSC “ha sido uno de los primeros partidos en profesionalizar e innovar en las áreas de comunicación política”.

Gutiérrez-Rubí tiene claro que la imagen es muy importante dentro de la comunicación general de un partido: “Del 0 al 10, le daría un 8.” Por eso se esfuerza en que la imagen del PSC siga siendo, en su opinión, “muy contemporánea y próxima”. Gutiérrez-Rubí cree que el PSC consigue transmitir “una imagen plural, como es propio de un partido que representa a amplísimos sectores de la sociedad, desde la ciudad al campo y, desde una empresa y el mundo del trabajo hasta a los emprendedores.” Eso sí, otra cosa será que lo consigan…

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Por Patrycia Centeno, periodista especializada en comunicación política y moda.

Pese a la resistencia de la clase política, en general, a mezclarse con el mundo superfluo de la moda, es indudable que las tendencias inciden en ellos también. De otra forma, si un político no fuera acorde con las modas –la que “se lleva” y la que marca el protocolo– su imagen se vería dañada: quedaría alejado de la realidad que viven los ciudadanos. Y es que la vestimenta cumple dos funciones al mismo tiempo: por un lado, facilita la clasificación de una persona dentro de un grupo social; por el otro, permite el acercamiento entre personas que consideramos de nuestro mismo entorno.
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