Diario de Navarra, 16 de junio de 2012
Belén Goñi, directora general de Institución Futuro
El anuncio de la ruptura del Gobierno de coalición entre UPN y PSN en Navarra ha pillado a muchos ciudadanos a contrapié. No sé si la decisión de la presidenta, Yolanda Barcina, de destituir a su socio y vicepresidente primero, Roberto Jiménez, es la adecuada, o si había razones de peso para ello, o si habría que haber tomado la decisión antes… como la mayoría de ciudadanos no tengo toda la información por lo que me abstendré de opinar.
Como ciudadana, lo que sí sé es que la actual situación de crisis económica, que también afecta a la Comunidad Foral y a sus cuentas públicas, es crítica. Por eso, creo que el panorama político que se plantea resulta desolador. No es momento para este tipo de batallas. Las luchas partidistas, la defensa de los intereses de partido e incluso particulares deberían haberse dejado a un lado. Lo que Navarra necesita es un Gobierno fuerte, que gobierne con criterio y unidad, con un objetivo claro: centrarse en la principal preocupación de los navarros, que no es otra que la generación de puestos de trabajo y riqueza en nuestra región.

Cuando en mayo de 2011 los votantes acudieron a las urnas, fue con la esperanza de que los políticos emplearan su tiempo y esfuerzo en conseguir una Navarra mejor: más competitiva, con el mantenimiento de un estado del bienestar sostenible y que respondiera a las preocupaciones y necesidades de los contribuyentes. En definitiva: votamos para que se gobernara con criterio y seriedad. Estoy convencida de que ningún votante esperaba este espectáculo al que estamos asistiendo.

Ya entonces, cuando se formó el Gobierno de coalición, Institución Futuro defendió la idoneidad de que el Gobierno entendiera, de verdad, que su labor debía estar orientada al largo plazo, no al corto recorrido de una legislatura. La necesidad de políticos responsables con visión de Estado, que trabajaran en serio en la construcción de una Navarra más próspera, parecía una necesidad imperiosa. Nos hubiera encantado poder decir que “Navarra is different” y que sus políticos han estado a la altura de la situación y han sido capaces de remar juntos pero lo cierto es que los pasados cruces de declaraciones culminados con esta ruptura, producida sin haberse cumplido siquiera un año de Gobierno, dejan claro que no ha sido así.

¿Será que es incompatible por un lado gobernar y tomar decisiones difíciles y por otro volver a salir reelegido? Y ante esta disyuntiva, ¿qué creen ustedes que muchos de nuestros políticos eligen? Yo creo que la mayoría de nosotros lo que queremos es que gobiernen, que nos den una cierta seguridad de que tienen criterio y de que lo están dando todo por Navarra y que nos tengan al corriente. Tienen a su disposición una fuerza de alrededor de 30.000 almas ¿Se imaginan que todos ellos estuvieran bien dirigidos y alineados con un mismo objetivo en vez de verse inmersos en el fuego cruzado de la política?

Me gustaría además señalar que las cosas las hacen las personas y que las personas no son cromos intercambiables. Los actuales representantes llevaban ya casi un año en el cargo, ya conocían los departamentos y tenían encauzada su labor. Los que vengan nuevos tendrán que volver a realizar este proceso y para cuando sean operativos, quedará muy poco de legislatura. Así que ya hemos perdido algo…

No sé qué va a ocurrir en los próximos días, si UPN va a ser capaz de gobernar en solitario, si el PSN volverá al Gobierno sin Roberto Jiménez, si tendremos otro Gobierno o si se van a convocar elecciones. Ninguno de los escenarios me parece lo más recomendable en la situación actual. Pero, pase lo que pase, creo que tenemos derecho a exigir que sea rápido, que genere los menores problemas posibles y que no nos distraiga de lo que es verdaderamente importante y crucial.

Como decía José Ortega y Gasset, "solo es posible avanzar cuando se mira lejos. Solo cabe progresar cuando se piensa en grande". Así pues, no nos queda sino pedirles a nuestros gobernantes que miren lejos y piensen en grande. Por el bien de Navarra.