La función de los parlamentos autonómicos, de legislar y de controlar al Gobierno de turno, no es mejor por el hecho de contar con un hemiciclo más o menos poblado, tiene que ver más con la preparación de los elegidos y con la calidad del trabajo realizado.
Un estudio de la Institución Futuro pone de manifiesto que la Cámara navarra es la más cara de España en coste por habitante. Dobla en gasto al resto de comunidades. Y entre sus conclusiones señala que un Parlamento de entre 30 y 36 escaños sería adecuado para esta comunidad.
Es una opinión y habrá quien la rebata con otros argumentos. Pero en ningún caso se trata de un recorte de los derechos democráticos, como algunos parlamentarios interesados están repitiendo. En un momento en el que todos los ciudadanos están sufriendo en sus vidas la crueldad de la crisis, no habría que rasgarse las vestiduras con planteamientos de reducción del gasto en las instituciones e incluso la supresión de lagunas de ellas, creadas en tiempos de bonanza y con escaso resultado práctico.
Ayer, los grupos se dieron un tiempo para estudiar una posible disminución del número de parlamentarios y el sistema de retributivo. No estaría mal que la Cámara foral y sus miembros dieran ejemplo al resto de la sociedad navarra y se apretasen un cinturón que en los últimos años lo han llevado muy poco ceñido.