
El banco mundial ha publicado, como viene haciendo desde hace 5 años, el ranking “Doing business 2008”, que clasifica a 178 países en función de la facilidad que existe en ellos hacer negocios. Por segundo año consecutivo, Singapur mantiene su liderazgo, y está seguido por Nueva Zelanda, EE.UU., Hong Kong, Dinamarca y Reino Unido. España conserva su posición con respecto al año anterior, la 38 en el ranking. Sin embargo, nuestro país empeora su posición en ocho de las diez áreas analizadas: apertura de un negocio, contratación de trabajadores, registro de propiedades, obtención de un crédito, protección de los inversores, pago de los impuestos, comercio transfronterizo y cierre de una empresa.
La dificultad de contratación de trabajadores es uno de los principales problemas en España, a lo que se suma la inflexibilidad de los horarios, la rigidez laboral y el coste por despido, que duplican y hasta triplican la media de la OCDE. También destacan las dificultades que afrontan los empresarios para abrir un nuevo negocio: tanto en número de días que se tarda, 47 (frente a una media de la OCDE de 14,9) como en cuanto al coste, 15,1 (frente al 5,1 la media de la OCDE). Así, en España se tarda tres veces más en abrir un negocio y resulta tres veces más costoso. También representa otra traba a la creación de empresas el pago de impuestos: en el porcentaje y las contribuciones que representan y en el tiempo que se tarda en pagarlos. Por lo tanto, no resulta desacertado afirmar que el espíritu empresarial en España se ve obstaculizado por el entorno normativo. Principalmente, son imprescindibles reformas en el mercado laboral, tributación y agilización de la apertura de un negocio.