Después de 13 años de constantes crecimientos económicos, financiados desde el exterior, basados en un modelo (el del ladrillo) que ahora vemos que no fue el mejor, llegó en el verano del 2007 las subprime, y empezó el lío. Hoy vivimos tiempos convulsos, a la crisis económica, se le han unido las crisis, política y moral. La mala situación se nos agravó porque ZP pensó que no duraría la crisis, y se comió en un plis plas el superávit. Prosiguió con la ampliación desorbitada de nuevos derechos y de sus correspondientes gastos, así como el aumento exponencial de los subsidios como consecuencia de los 5 millones de parados. El resultado, la poca fiabilidad en nuestra economía, y en nuestra capacidad de devolución del dinero prestado, que se percibe en los mercados financieros.

   

Los ciudadanos esperan que los políticos les cuenten la verdad, les digan la gravedad de la crisis y los planes que pondrán en marcha para salir de ella . Es imposible salir de la grave crisis, sin sacrificios que hay que repartir entre todos. Necesitamos seguir financiándonos en los mercados exteriores, al gastarnos mucho más de lo que ingresamos, por lo que necesitamos reforzar la confianza de los inversores, como cuestión principal, y no hay que llamarles especuladores cuando no se fían de nuestras cuentas, e inversores respetables cuando nos prestan.

   

La rectificación de ZP ha sido necesaria, para que los inversores se fíen de nosotros, pero hay que seguir haciendo muchas más cosas. No basta con rebajar el gasto público, hace falta que vuelva el crédito a particulares y empresas, para lo que hay que reformar el sistema financiero, por no hablar de la necesaria reforma laboral, la del sistema de pensiones, abaratar la energía. Necesitamos reformas que no pueden esperar, para quitar obstáculos y poder volver a cotas de crecimiento –por encima del 2%-  que posibiliten niveles de empleo aceptables, para que al disminuir el paro disminuya el gasto social y aumenten los ingresos fiscales apoyados en la mayor actividad económica. Así funciona nuestro sistema.

   

Recortar `derechos´ es impopular, ya lo sabemos, pero hay que tener sentido de la realidad y habernos preguntado antes si los podíamos pagar. La crisis pone en entredicho el estado de bienestar, ya que cuando no hay dinero, no se deben sostener todos los derechos como si no hubiese ocurrido nada. La inactividad de ZP frente a la crisis, sólo se basó en el aumento del gasto público que lo utilizó para sus políticas de alianzas. Ahora ha hecho una fuerte rectificación gracias a la ¡bendita Europa! que le ha obligado a actuar, como desde hace más de tres años se le recomendó desde numerosos foros. Ya no le era posible mantenerse en la irrealidad durante más tiempo. Nadie pensábamos que a ZP le obligarían desde fuera a rectificar su política económica, la internacionalización de los mercados demuestra que la soberanía nacional, es cada día más limitada.

   

Con la política de ZP en su burbuja, no había solución. Con la moneda única estamos en otra onda, ya que el euro se puede ir al carajo sino lo cuidamos todos, los gobernantes deben hacer sus deberes internos, y contribuir a una política conjunta que permita salir a todos de la crisis.  El tiempo en los mercados globalizados a veces es cuestión de segundos, y ya no teníamos tiempo. Hay que reducir el gasto público en todos los niveles de la administración, con los políticos dando ejemplo en primer lugar, y deberán llegar a revisar muchas cosas que todavía no se han puesto sobre la mesa. Tenemos pendiente el acometer la reforma laboral sin contar con estos sindicatos, reestructurar el sector financiero, cuya situación es mucho más delicada de lo que nos cuentan. Tendremos que seguir tomando medidas, antes del mes de julio que es cuando refinanciamos más deuda pública.

   

No es lógica la demagogia populista que están empleando los del PP. Ahora lo que toca es ser patriotas, recibir la rectificación de ZP, con un ¡bienvenido al Club! y colaborar todos en buscar salidas eficaces, para hacer que la ciudadanía comprenda la gravedad extrema de la situación, y acepte los sacrificios. La salida sensata pasa por restablecer los consensos básicos, que cimienten la presencia de España como nación en el mundo. Hay que volver al dominio de la razón y de la cordialidad en el espacio público. Necesitamos que se reanuden los grandes consensos entre socialistas y populares para poder salir de la que estamos metidos, y podamos todos ¡pagar la cuenta!

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Después de 13 años de constantes crecimientos económicos, financiados desde el exterior, basados en un modelo (el del ladrillo) que ahora vemos que no fue el mejor, llegó en el verano del 2007 las subprime, y empezó el lío. Hoy vivimos tiempos convulsos, a la crisis económica, se le han unido las crisis, política y moral.
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