
Ideas, sí, pero también tiempo. ¿Para qué? Para pensar, para decirlas y para escucharlas. Aunque terminen en la papelera. Es una de las ideas que defendió Fernando de la Puente, director de I+D de la Universidad de Navarra, quien intervino en el seminario La empresa emprendedora: intraemprender, organizado esta semana por el think tank Institución Futuro. Con él también intervino Michel Iturralde, presidente de la ingeniería Iturralde y Sagüés.
Ambos tenían la tarea de contar a los asistentes la experiencia de sus empresas para fomentar que surjan proyectos y cómo se llevan a la práctica, incluida la búsqueda de financiación. Para De la Puente, que ha sido responsable de la puesta en marcha de varios centros de la UN, incluido el CIMA (Centro de Investigación Médica Aplicada), para poner en marcha un proyecto lo primero que hay que saber es si “tenemos ideas, porque en estos momentos nos falta la cultura de la innovación y tener ideas”. Y dio un paso más: “Para tener ideas hay que tener tiempo para generarlas, para escucharlas y transmitirlas”.
Añadió que hay que determinar también los canales para que esa ideas fluyan, especialmente, cuando lo hacen de abajo a arriba. Es preferible que las ideas fluyan y se estudien, aunque luego no salgan, a que no las haya. Hay que dar la oportunidad de que los demás digan cosas, aunque sean tonterías. Si no te reúnes nunca con los de abajo no te van a llegar sus ideas. La puerta tiene que estar siempre abierta a cualquier idea”, explicó.
Siguió avanzando en el proceso que lleva a la idea a convertirse en proyecto, algo que exige, en su opinión, cierta autonomía, ser creativo, asumir riesgos y ser perseverante. “Ser creativo es distinto a ser innovador. El primero tiene muchas ideas y va, en cierta forma, a su bola. El segundo plasma la idea en un resultado que beneficia a la empresa”, diferenció. “En la UN sabemos que el negocio de I+D es muy caro y de gran riesgo. Pero si una empresa no está dispuesta a asumir riesgos no hay posibilidad de generar proyectos”.
Pero antes de canalizar las ideas la cuestión que hay que plantearse es de dónde y cómo surgen. En la UN, explicó De la Puente, la experiencia es una de las vías y puso el ejemplo del CIMA. “Nosotros sabíamos hacer servicios y proyectos de investigación para empresas. Vendíamos productos que salen de nosotros o capacidad para investigar, como todas las universidades. Pasamos a vender la capacidad de llegar a tener capacidad”, explicó.
La necesidad y la oportunidad son otras razones que han llevados a la UN a desarrollar proyectos. Es el caso del fondo fotográfico que legó Ortiz Echagüe. “Teníamos esa donación y a partir de ahí quisimos ir a más, fomentar la docencia, la investigación relacionada con ella”, añadió. O el caso del museo de arte, que surge por la donación de la colección de María Josefa Huarte. “Esto hace que muchos proyectos que había dispersos se junten en un museo”.
Quién ‘pone las patas’
Con la idea ya sobre la mesa, el siguiente paso es saber quién “pone patas” al proyecto. Aquí, Fernando de la Puente fue tajante: “El que ha tenido la idea es mejor que no sea el que ‘ponga las patas’”. ”La idea requiere tener personas adecuadas para ponerlo en marcha.
El equipo depende del proyecto y tendré que buscar en mi empresa a la mejor gente para ello. Cada uno tiene que tener claro su función, pero es importante la capacidad de tener sinergias”, apuntó. Didáctico, resumió el triángulo que hay que tener presente para buscar el equipo humano: querer, poder, saber. “Me interesa el que quiera, pueda y sepa. Porque hay gente que quiere y no puede, o sabe y no puede, o puede pero no quiere…”, apuntó.
Finalmente, llega la hora de la financiación. Entonces, De la Puente, citando a Francisco Errasti, director general del CIMA, añadió “El dinero es lo menos importante”. El CIMA buscó inversores que no estaban en el sector y que se dedicaban al alto riesgo, que podían pensar que “si sale bien, nos forramos, pero puede salir mal”.
El directivo recuerda que en las reuniones para ponerlo en marcha el proyecto se hablaba de “dinero que no teníamos” y que algunos pensaron que estaban locos. “Si no tengo dinero, hay que saber vender el proyecto, y no por ser buen charlatán sino por ofrecer confianza, prestigio. La obtención de dinero dependerá de cómo se presente y venda el proyecto. Y cada destinatario es distinto”, comentó. El resultado fue que, entre otros, Amancio Ortega, BBVA, El Corte Inglés, las hermanas Koplowitz apostaron por el CIMA.