Aceprensa, 13-19 febrero 2008 – nº16/08
En el mundo anglosajón, grandes cambios políticos han tenido su origen en esos laboratorios de ideas que son los think tanks. Desde el nuevo laborismo de Blair al ascenso de los neoconservadores con Bush, la acción política se ha alimentado de una reflexión intelectual. Analizamos la emergencia de este fenómeno en España.
La expresión think tank –laboratorio de ideas o centro de pensamiento– apareció durante la Segunda Guerra Mundial y se consolidó durante la posguerra. Al principio, se utilizó para designar a los equipos encargados de elaborar estrategias militares. Tras la guerra, la expresión se popularizó y se extendió a otros centros que generaban investigación sobre asuntos políticos, sociales o económicos.

La dificultad para definir los think tanks proviene de la diversidad de objetivos que persiguen. La mayoría son entidades independientes y sin ánimo de lucro que tratan de generar soluciones concretas a problemas públicos. Otros tienen motivaciones políticas e ideológicas: son los think tanks de partido. Y los hay que tienen un carácter más académico.

En términos generales, un think tank es una institución formada por intelectuales y expertos en diversas materias que tratan de inspirar políticas a través de sus estudios e iniciativas. Aunque algunos se limitan a investigar, en principio la mayoría trata de crear y difundir ideas para provocar un cambio en la acción política.

Un fenómeno reciente en España

Los primeros centros de pensamento surgieron en Estados Unidos y en Europa en la primera mitad del siglo pasado. Organizaciones como la Brookings Institution (1916), el Kiel Institute of World Economics (1914) o el Royal Institute for Social Affairs (1920) saltaron enseguida a la fama por sus valiosos análisis sobre asuntos públicos.
Actualmente, según un estudio del Foreign Policy Research Institute (FPRI) de Filadelfia, hay 5.080 think tanks repartidos por todo el mundo.
En España, el fenómeno de los think tanks es muy reciente, de los años setenta. La instauración de la democracia favoreció la creación de los primeros, centrados en el ámbito político y económico. Entre los más conocidos de aquella época están el Círculo de Empresarios (1976), el Instituto de Estudios Económicos (1979) y la Fundación CIDOB (1979). Tras esta primera oleada fueron apareciendo nuevos centros abiertos a otros campos como las relaciones internacionales, el medio ambiente, la inmigración o el terrorismo.

A pesar del retraso inicial, durante los últimos años ha habido en España un crecimiento importante de think tanks, debido a la combinación de diversas circunstancias políticas, económicas y sociales. Para Pilar Tena, subdirectora del Real Instituto Elcano, un factor decisivo ha sido la mayor presencia de España en la escena mundial a partir de los años ochenta.

Esto “suscitó no solamente una demanda creciente de información internacional por parte de la opinión pública, sino también una mayor necesidad por parte de los actores públicos –administraciones públicas– y privados –empresas, medios de comunicación, etc.– de contar con foros de reflexión y debate sobre los asuntos globales, que empezaron a afectar directamente a su gestión cotidiana”.

Financiar ideas

La financiación es uno de los pilares que sustenta la credibilidad de un think tank. Según Julio Pomés, director de la Institución Futuro, “la independencia económica es fundamental para poder investigar con autonomía y no estar condicionado por intereses externos”. A su juicio, la financiación de un centro de investigación debe provenir de una variedad de empresas privadas.

Pero la mayoría de los think tanks españoles no se ajustan a este modelo. Por el contrario, casi todos suelen combinar la financiación pública y la privada. Es el caso, por ejemplo, del Real Instituto Elcano: el 25% de su presupuesto procede de la Administración, a través de cuatro ministerios; el restante 75% procede de la empresa privada. La Fundación Alternativas también se financia con dinero público y privado mediante convenios de colaboración, pero introduce además la participación de socios particulares (lo que representa el 10% de su presupuesto).

El Instituto de Estudios Económicos (IEE) se financia fundamentalmente mediante aportaciones anuales de las empresas adheridas como miembros asociados, junto a los recursos que obtiene por la venta de sus publicaciones. A su financiación contribuyen también ayudas concedidas de diversas instituciones públicas y privadas.
En busca de audiencia

Uno de los objetivos fundamentales de los think tanks es lograr que sus propuestas lleguen a los actores políticos, económicos y sociales, y a la sociedad en general. Como explica Julio Pornés, “de nada sirve elaborar valiosos estudios si luego sus destinatarios (normalmente, los poderes públicos y el sector empresarial) no los tienen en cuenta”. Por eso, a su juicio, el éxito de un think tank depende en primer lugar “de su capacidad de influir y forjar opinión pública mediante todas sus actividades y publicaciones”.

Influir en la opinión pública

Para Nicolás Sartorius, otra clave del éxito de los think tanks es “la calidad de los trabajos y de los expertos que los hacen”. En el mismo sentido se expresa Pilar Tena: “Si lo que se produce no es bueno, la institución desaparece del mapa”.

A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, donde los think tanks se han convertido en los grandes animadores del debate público, en España la influencia de estos centros de pensamiento es todavía muy limitada. No llegan a una docena las entidades con renombre; la mayoría siguen siendo desconocidas para el ciudadano medio y los líderes políticos, económicos y sociales.

Para Pedro Schwartz, fundador de think tanks liberales como el Instituto de Economía de Mercado o el Instituto de Estudios de Libre Comercio, la clave para cambiar la agenda de un país es “influir en la opinión pública, no en los políticos. En general los políticos pueden hacer caso a alguna propuesta técnica concreta, pero nada más. Lo verdaderamente eficaz es tratar de influir en la opinión pública para que ésta cambie la actitud de los políticos”.

Institución Futuro
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