Expansión, 11 de agosto de 2007
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
¿Cómo es posible que las encuestas de intención de voto den 3,5 puntos de ventaja al PSOE respecto al PP? Sorprende que, a pesar de las demoledoras críticas al Gobierno socialista que aparecen en la prensa no pro-gubernamental, el resultado sea tan benigno para el Ejecutivo.
Probablemente una de las causas de esta contradicción entre los editoriales de los periódicos independientes y el sentido del voto es la televisión. No en vano el número de lectores de los artículos de opinión es muy pequeño frente a los que adquieren su criterio viendo la televisión.

Las cifras del INE (1/7/2004) indican que el 91% de los españoles ve la televisión como actividad principal o secundaria durante una media de casi tres horas. Los datos de la Encuesta General de Medios de 2007 revelan que la penetración de los periódicos era de un 41,3% y la de la televisión de un 88,6%. Además, hay que tener en cuenta que al periódico se le suele dedicar menos tiempo que a la televisión. Sin llegar a preguntarnos acerca del porcentaje de lectores de periódico que se salta las páginas de opinión, la conclusión es contundente: la televisión tiene una influencia mucho mayor que la prensa.

Un argumento que refuerza el poder de la TV frente a los periódicos es la mayor credulidad que otorga la visión de imágenes y la consiguiente actitud menos crítica: si el espectador no está alerta, otorga rango de información a lo que es pura opinión y adjudica mayor valor a las afirmaciones de los políticos en el poder que al resto. Por el contrario, los lectores de prensa son más proclives a dar más autoridad al razonamiento riguroso y certero que a la notoriedad del político que aparece en la pantalla.

Otros aspectos nada desdeñables son el mayor apoyo que los informativos audiovisuales dan al Gobierno y el menor pluralismo informativo de las cadenas respecto al de los periódicos. A excepción de Antena 3, el tratamiento del resto de cadenas es más benévolo con el Gobierno que el que otorga la prensa.

Si los motivos expuestos son preocupantes, más lo es el influjo alienante que irradia la TV. Su efecto es más dañino que la tendenciosidad informativa, en cuanto que erosiona nuestra singular personalidad y la hace más igualitaria. Aunque nos cueste admitirlo, para la mayoría de las personas, la televisión es un medio que influye de un modo subrepticio en nuestro modo de ser.

Si al tiempo que le dedicamos al televisor le añadimos la profunda capacidad de impactar que tienen las imágenes frente a los textos escritos, concluiremos que la TV ejerce un cierto poder en algunas de nuestras decisiones. No en vano cuando uno lee está en guardia y valora el contenido de acuerdo con su propio criterio; cuando uno ve imágenes se queda con impresiones, sentimientos y emociones que pueden dejar huella y prejuicios inadvertidos en nuestro intelecto.

Programación, audiencia e ingresos
Si la TV mantuviera una programación respetuosa con los valores deseables para la sociedad como la independencia al informar sobre el Gobierno, el trato similar a todos los partidos, la defensa de la familia, el respeto a la religión, la ausencia de violencia y pornografía, la valoración del esfuerzo como un mérito en la educación, el fomento de la cultura, el dar más importancia a las iniciativas de la sociedad civil que a los mensajes electoralistas, etcétera, la televisión tendría un efecto enriquecedor.

El problema surge cuando el aumento de la audiencia es la prioridad absoluta por los ingresos publicitarios. Ante este objetivo las cadenas, en lugar de competir hacia arriba con la calidad, lo hacen hacia abajo con contenidos a cual más soez. Éste es el motivo por el que los planteamientos formativos ceden ante la bazofia barata de la programación de sensaciones fuertes de violencia verbal o de humor grueso. El resultado de este tipo de programación es la degradación de la dignidad de la persona. Obviamente, cuanto más embrutecido está un pueblo, menos piensan sus ciudadanos, menor es su capacidad crítica y más fácil resulta de manipular con las acciones populistas de los que gobiernen.

¿Es la televisión la causa del granero de votos del PSOE? Si tenemos en cuenta que las políticas socialistas han ido en el mismo sentido que lo que ‘predica’ la TV y en contra de lo que siempre se han considerado valores de nuestra civilización, la consecuencia es clara: la televisión ha contribuye a que el PSOE sea más aceptado y a que obtenga un mejor resultado electoral.