Diario de Navarra, 30 de agosto de 2013
Belén Goñi, directora general de Institución Futuro
Leía hace poco en el blog de José Ramón Pin, profesor del IESE, un artículo titulado “El directivo público, base de la Reforma” en el que detallaba qué características debería tener éste, e incidía en la necesidad de dotar a la Administración de un cauce para reclutar, contratar, medir y evaluar a sus directivos. El texto venía al hilo del anuncio del Ejecutivo central de que está proyectando crear e implantar el Estatuto del directivo público.
En la Administración, como en cualquier otra organización, es necesario contar con buenos directivos, pero estos no se improvisan. Siempre me llama la atención el que hay algunas profesiones que todo el mundo se siente capacitado para ejercer sin formación ni experiencia: profesor, comercial… y también directivo. Dirigir no es fácil por muchos conocimientos técnicos que se atesoren, porque dirigir no es mandar sino liderar personas y transformar organizaciones, y esto se aprende sobre todo con la experiencia. El auténtico líder es un servidor que moviliza hacia unos objetivos porque se preocupa de verdad por la gente a la que sirve.

Si a esta dificultad de liderazgo se le añade que la Administración es una organización muy compleja en la que, entre otras cosas, es difícil valorar el desempeño y en la que existen muchos intereses contrapuestos, deberíamos concluir que aquellos directivos que la Administración necesita para transformarse han de ser de primerísimo nivel.

Sin embargo, si ustedes miran el currículum de las personas ocupando cargos en la Administración ahora mismo, ya sean funcionarios o personas de fuera de la organización, se darán cuenta en seguida de que algunos de ellos no tienen ni formación ni experiencia en esas lides. ¿Por qué? Porque el sistema actual de elección no lo contempla.

Pongamos el ejemplo de un Consejero recién elegido al que se le apremia para que en una fecha muy próxima conforme su equipo directivo. Algunos llegan a una organización que conocen poco, formada por personas con las que no han trabajado nunca y tienen que formar su equipo en tiempo récord sin más información que la que le puedan dar aquellos conocidos a los que pregunte … ¿Cómo van a poder valorar quiénes son los más idóneos en la realización de tareas directivas?

En el caso de los directivos que son funcionarios, sería necesario que el sistema previera este tipo de formación en dirección que permitiera la adquisición de experiencia directiva como parte de la carrera en el cuerpo. Para ello no bastaría la teoría sino que habría que conjugarla con la práctica. Existen numerosos proyectos y buenos directivos en la Administración para poder hacerlo. Esto debería ir acompañado de un departamento de recursos humanos que conociera bien a las personas y que pudiera hacer ese seguimiento y sumar esos méritos a los necesarios para convertirse en jefe de sección o director de área o general.

En cuanto a los directivos del exterior, sería deseable que contaran con esa formación y experiencia directivas contrastadas poniéndose un esfuerzo especial en valorar su capacidad de liderazgo. Por desgracia, atraer a los mejores a la Administración será difícil, ya que supone pedirles que estén dispuestos a perder ingresos y a vivir y trabajar en una organización compleja donde demasiadas veces no impera la ley de la eficacia y eficiencia en el servicio al ciudadano, sino la sinrazón de los intereses de distintos grupos de presión. Sin embargo, necesitamos a los mejores y por ello será necesario ofrecerles un proyecto ilusionante y garantizarles el apoyo y confianza necesarios para que puedan llevarlo a cabo. Y para ello será necesario que colaboremos todos: ciudadanos, políticos y medios deberemos dejarles trabajar sin someterles continuamente a la crítica y al descrédito personal. Opinemos sobre aquello que hacen y aquellos resultados que obtienen con objetividad y conocimiento de los hechos. De no hacerlo así, vamos a ser incapaces de superar los complejísimos retos a los que nos enfrentamos.
La Administración es una organización necesaria, nacida y concebida en otros tiempos, que necesita adaptarse y cambiar profundamente, como ya han hecho o están haciendo todas las organizaciones: empresas, ONG’s, asociaciones, Iglesia… Esta transformación radical en cuanto a formas de hacer y organizarse no podrá hacerse sin contar con personas con experiencia en transformación de organizaciones que sean capaces de ilusionar y de liderar ese cambio inspirándose en modelos existentes en otros países y colaborando con los agentes necesarios.

Navarra ha sido una Comunidad pionera en muchos sentidos, admirada en el exterior y con fama de seria, cumplidora y de hacer bien las cosas. Seguro que, si trabajamos en ello, somos capaces de dar ejemplo y lograr la mejor Administración posible. ¡Todo es ponerse!