
El grave impacto que esta situación está teniendo en las familias españolas resulta especialmente doloroso a la vista de los graves problemas sociales que están surgiendo. Esta situación, y los esfuerzos realizados por intentar generar empleo, no deberían, sin embargo, descentrarnos de otro factor igualmente importante. Me refiero a la calidad del empleo. De nada nos vale generar trabajos de baja calidad, o empleos "basura", que no aportan valor ni a la empresa ni a la sociedad, y están abocados al fracaso. Es decir, que hay que apostar por crear empleos, sí, pero sin dejar de tener en cuenta la calidad de los mismos. La cantidad y la calidad deben ir de la mano.
En este sentido, la importancia de los recursos humanos para las empresas y para el conjunto de la sociedad es innegable. De un tiempo a esta parte han surgido muy buenas ideas sobre el área de innovación organizativa y la mejora de las prácticas de gestión de las personas que, no debemos olvidar, son los ejes sobre los que se define la verdadera ventaja competitiva de las empresas. Los nuevos desafíos del entorno, caracterizado por una cada vez mayor globalización y, por lo tanto, una mayor competencia entre mercados, hacen necesario que nos fijemos más que nunca en los trabajadores de las empresas, en sus condiciones de trabajo, en la gestión que se hace de sus conocimientos. en definitiva, es imprescindible tener en cuenta la calidad del empleo y del talento como elemento primordial de productividad y competitividad.
El informe Condiciones de Trabajo y Calidad del Empleo, recientemente publicado por Institución Futuro, es el reflejo de cómo estas condiciones favorecen al desarrollo del talento o lo frenan. Es condición necesaria que diseñemos el contexto idóneo en el que potenciamos las capacidades que hemos adquirido y demos la oportunidad de crecer a las personas que comparten los proyectos para generar riqueza y valor en nuestras organizaciones y, por tanto, en la sociedad en su conjunto.
En el citado estudio se pone de manifiesto que, en general, la existencia de modelos de trabajo y recursos humanos imperfectos para la consecución de una elevada calidad de vida en el trabajo y el buen aprovechamiento del capital humano. Aspectos como la retribución variable, que fomenta la productividad, o la formación y el aprovechamiento de la misma, muy desarrollados en otros ámbitos, no están extendidos en las empresas navarras. También se detecta en muchos casos una sobrecualificación de los empleados, es decir, que sus habilidades están por encima de las exigencias del puesto, por lo que se está desperdiciando un gran conocimiento.
Debemos desarrollar las claves para la gestión del talento, una importante vía para el desarrollo de nuestra Comunidad. El capital y la tecnología no son lo que marcan la diferencia. Son los recursos humanos con todo lo que ello conlleva: su compromiso, cualificación, capacidad de innovación, identificación con los objetivos de la empresa, etc.
El esfuerzo colectivo que se requiere debe ir encaminado a un gran pacto económico y social con en el que consigamos salir de la crisis, volvamos a generar riqueza, y se aúpe a los trabajadores como los auténticos motores de las organizaciones. El único modelo sostenible de desarrollo en el futuro será el basado en las personas, en el talento y en el capital humano.