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Recientemente, Institución Futuro ha presentado un estudio titulado: “Hacia un nuevo modelo sanitario en Navarra”, que todos ustedes pueden encontrar en la página web de la Institución y cuya lectura es muy recomendable. El estudio, concreto y fácil de leer, realiza un diagnóstico y formula una serie de recomendaciones. No me meteré en ellas porque no soy, ni mucho menos, un experto en gestión sanitaria. Trabajo con números y en ellos me he fijado. Además, lo que realmente impresiona es el diagnóstico del que es importante recalcar que ha sido realizado en su totalidad con los datos del propio Gobierno de Navarra. El dato más relevante ha sido que el Gobierno foral ha gastado de 2020 a 2024, 1.000 millones de euros más en este departamento. Teniendo en cuenta que hasta entonces, el presupuesto de Salud anual ascendía a 1.000 millones de euros, el Gobierno de Navarra en este periodo ha gastado como si hubiera pasado un año más o si lo prefieren, este departamento gastaba 1.000 millones en 2020 y en 2024 gasta 1.465 millones. Un 46% más.
Otro dato demoledor, el número de personas en listas de espera para una primera consulta ha pasado de 41.730 a 65.667. Es decir, ha crecido un 57% gastando un 46% más. Parece que por mucho dinero (¡ojo!, de nuestro dinero) que aportemos al problema, no son capaces de arreglarlo. Todo lo contrario.
Un último aspecto interesante de los muchos que aporta el informe de Institución Futuro es el de los navarros que han suscrito un seguro privado de salud. En 2015, cuando “la derecha” abandonó el Gobierno, el número de personas con seguro privado ascendía a 40.000. El último registro de 2023 ha alcanzado la cota de 75.000. Un crecimiento del 87%. Con estos datos del propio Gobierno podríamos afirmar que los gobiernos “de progreso” son los mejores comerciales de los seguros privados. No obstante, los titulares que aparecen en los medios a diario son que “las derechas” se quieren cargar la Sanidad Pública. Que la realidad no te estropee el eslogan.
Estos datos me suscitan varias preguntas. La primera, ¿dónde están aquellos que en 2014 se llevaban las manos a la cabeza cuando, con unas listas de espera en menos de la mitad, afirmaban que el gran problema de los hospitales era que el puré llegaba “templado” y la tortilla era “de un huevo”? ¿Quién orquestó, financió y amplificó esa campaña de bulos y sabotajes cuando teníamos la mejor sanidad pública de España gastando 400 millones menos de euros al año? ¿Qué pensarán hoy aquellos que, en su buena fe, se dejaron llevar por esa campaña? La manera en que se montó semejante campaña, no me cabe la menor duda que se estudiará en el futuro en las escuelas de periodismo.
Otra reflexión. ¿Qué sucedería si esos 75.000 navarros no tuvieran ese seguro privado y acudieran a la ya colapsada Sanidad Pública? No olvidemos que esos navarros pagan las dos sanidades, la pública y la privada, y generalmente no acuden a la pública. Un verdadero chollo para el resto y un alivio para nuestra maltrecho sistema sanitario. Y, sin embargo, de manera sectaria e hilarante, se les acusa de “querer acabar con la Sanidad Pública”. De risa.

Como última pregunta, y ya de manera retórica. Si este desastre de gestión sanitaria con semejantes lista de espera y muchos pueblos sin pediatra ocurriera con otro tipo de Gobierno, ¿cuántas manifestaciones en la calle y comisiones de investigación en el Parlamento tendríamos? ¿Cuántos carteles con tijeras veríamos? La gestión sanitaria es complicada. Probablemente, lo más complejo de gestionar para cualquier Gobierno. Pero lo era también hasta 2015 y entonces, con muchos menos recursos de esos que salen del bolsillo del contribuyente, teníamos una Sanidad pública modélica.

Álvaro Bañón Irujo es economista y profesor en la Universidad de Navarra
Institución Futuro
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