
A mediados de diciembre, el director general de Acciona S.A, Esteban Morrás, dio una charla ante alumnos y antiguos alumnos de la UPNA. En dicha conferencia, denominada “Reimpulsar el Cambio de Modelo Energético en Navarra”, repasó los retos que se le presentan a la compañía de cara al futuro más próximo: más energía renovable, implantación progresiva del coche eléctrico, mejora de la eficiencia energética y desarrollo del biodiesel.
No cabe duda de que para la sociedad el asunto de las energías renovables resulta de gran importancia. Más si cabe en Navarra, donde esta industria lleva años instalada y, en muchos aspectos, lidera el sector. Morrás calificó a la Comunidad Foral como una región competitiva y bien posicionada de cara al futuro. Ilustró a la audiencia con algún dato impactante como el de que sólo en Navarra se ha instalado tanta potencia eólica como en toda Latinoamérica. Este sector ha generado más de 5.000 puestos de trabajo en esta comunidad. Pero, advirtió, pese a ser referente mundial en el sector de las energías renovables no se debe dormir en los laureles e instalarse cómodamente en la autocomplacencia. Hay que buscar la innovación y continuar trabajando para seguir siendo una región líder en un sector en constante expansión.
Reconoció que para conseguir reducir las emisiones de CO2 es necesario aumentar la eficiencia energética, mejorar las tecnologías y llevar, mediante renovables, hasta el 20 por ciento de la producción mundial, cifra esta última que requiere mucha inversión, “lo que garantiza que va a seguir siendo un sector pujante”. No podemos olvidar que varios de los gobiernos más importantes del mundo, como Estados Unidos, China, Alemania, etc., ya están apostando por este sector.
Más de una vez se ha hablado en este blog sobre las renovables en Navarra. Cabe recordar que existe una corriente crítica que pone en duda la rentabilidad de dichas energías y, en este sentido, merece la pena leer el artículo publicado en el último número de la revista Tendencias de Futuro, que investiga precisamente sobre las consecuencias económicas de la cada vez mayor implantación de las renovables. Sin duda ese puede incluirse como uno de sus principales retos:
“Porque las actuales respuestas al cambio climático implican una revolución. Y las revoluciones tecnológicas suelen tener un efecto claro en el mercado: la creación de “burbujas” especulativas. La expansión de la navegación mercante (y de la trata de esclavos) provocó la “burbuja” de los Mares del Sur. La del ferrocarril, el crash de 1873. La de la radio y el automóvil, el de 1929. Y el nacimiento de Internet, el crash de las tecnológicas de 2000. En todos esos casos hubo una transformación tecnológica procedente del sector privado, pero las expectativas nunca se cumplieron. Y, en el caso de las energías renovables, el cambio es aún mayor y, además, está firmemente apoyado por los Gobiernos. Eso explica la tesis del Instituto Juan de Mariana, de que estamos ante una “burbuja” con respaldo estatal. Lo cual lleva a otra cuestión: ¿hasta qué punto, por utilizar un juego de palabras, las energías sostenibles son “sostenibles” sin subvenciones? Y, en último término, ¿cuál es la mejor forma de dar apoyo público a estas iniciativas? ¿Subvenciones, exenciones fiscales, programas del Estado?”
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