Algunos argumentarán que no hay por qué preocuparse, que Navarra cerró sus cuentas en 2006 con un superávit de 111,5 millones de euros. Este dato puede confundirnos, pues el sobrante no es debido a la austeridad que recomiendan el Banco de España y las directrices europeas, sino a una mayor recaudación en los impuestos directos. En 2006, la Hacienda foral recaudó 268,6 millones más de lo previsto, de los que 129,2 correspondieron al Impuesto de Sociedades y más de 120 millones al IRPF.
El obligado pacto que deberán hacer UPN-CDN con PSN para sacar adelante los presupuestos hace temer que los socialistas condicionen su apoyo a un mayor gasto social. Si se concede este aumento, la presión fiscal no podría disminuir lo suficiente para conseguir hacer muy competitivas a nuestras empresas. Además, el no singularizarnos por tener impuestos más bajos que otras regiones nos podría hacer perder oportunidades en nuestro mundo globalizado. En resumen, la próspera situación actual no debe llevarnos a una parálisis autocomplaciente: los éxitos pasados no aseguran los futuros
Respecto a la reciente comparecencia del Vicepresidente económico en el Parlamento, confieso que aunque hemos estudiado el documento con espíritu crítico, las pautas que establece nos han parecido excelentes. Especialmente agrada la promesa de vincular la deflactación de las tarifas del IRPF al índice de precios al consumo, lo que mantendría estable la presión fiscal sobre la renta. Otros aspectos positivos son: la intención de eliminar el impuesto sobre el patrimonio, tributo injusto por la doble imposición que supone (y que además lo soportan sobre todo las clases medias), y la rebaja del impuestos de sociedades a las pymes (25%) y micropymes (20%).
El camino escogido es el acertado: bajar los impuestos genera riqueza y aumenta los ingresos fiscales. Los tributos excesivos frenan el espíritu emprendedor y desincentivan el trabajo, pues el beneficio marginal que se obtiene, al incidir en el tramo más alto de los tipos del IRPF, no compensa el esfuerzo adicional. Hoy, lo progresista e inteligente es posicionarse en el tramo de la “curva Laffer” en el que la reducción del tipo impositivo aumenta la recaudación. Ésto es precisamente lo que vienen haciendo con éxito Irlanda y los países del Este de Europa, y lo que han prometido Merkel y Sarkozy.