Me gustaría no tener que escribir este post y ojalá no hubiera observado el comportamiento de los sindicatos durante esta crisis. La lucha obrera como tal tiene que desaparecer para dar paso a la convivencia laboral y actualmente los sindicatos se encuentran en un limbo entre medio que ni les beneficia, ni beneficia a los trabajadores, ni a los empresarios ni al mismo gobierno que ha dado la callada por respuesta en estos momentos.
La sabiduría popular es clara: si el amo no gana el jornalero tampoco. Puede sonar muy liberal pero es así. Recordemos que en nuestro país tenemos dos grandes grupos diferenciados en el mundo laboral: las grandes empresas y sus grandes beneficios, donde se da la principal asociación sindical, y los autónomos o pymes que, azotados por la falta de liquidez y confianza, están arruinados.
Los sindicatos no representan al pequeño empleo, y me refiero a todas las pymes que irremediablemente están cerrando y dejando en la calle a un goteo de una a cinco personas, a los que no puede soportar seguir manteniendo en estos momentos. Los sindicatos tienen un sueño y es que sus trabajadores afiliados vivan tan bien como el empresario que arriesga su dinero, y se echan las manos a la cabeza cuando esa persona se arruina y lleva a la calle con o sin razón a un montón de empleados.
En pleno siglo XXI es irracional entrar en una confrontación con la patronal siguiendo modelos económico de lucha de derechos que ya no están vigentes. En la actualidad se matizan detalles de las bondades adquiridas en el pasado hasta el infinito sin que se den cuenta que el modelo de relación ha cambiado. La jerarquía existe, no se olviden los agentes sociales de ello, pero la lucha de clases no. El estado de bienestar nos ha llevado a bien estar, mientras que durante décadas pasadas se sobrevivía, y pretender aplicar un método de supervivencia es matar la paz social.
Señores sindicatos, les guste o no les guste, tienen que ir de la mano de la patronal, encontrar foros y temas comunes y desarrollarlos en profundidad. Al final se habla de productividad, pero en ocasiones son sólo palabras. Se dice que la clave es aumentar este aspecto empresarial pero el discurso de los sindicatos se basa en la reducción de jornada y otros conceptos caducos. Los sindicatos están haciendo un flaco favor a sus representados y, por añadidura, al resto de la sociedad al continuar mirando para otro lado mientras la crisis nos cae a todos como una losa. Ésta pasará y, mucho me temo, desgraciadamente se continuará con la misma filosofía.
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