
El Impuesto sobre Sociedades español presenta una serie de características propias que lo convierten en uno de los IS más ineficientes de nuestro entorno, pues coexisten unos tipos impositivos nominales muy elevados –y distorsionantes–, con unos tipos efectivos reducidos para las empresas que son capaces de optimizar su base gravable gracias a la maraña de deducciones, exenciones y otros beneficios fiscales.
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