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Se está gastando más que nunca, pero este hecho de por sí no es positivo. Lo que importa es cómo se gasta.

Navarra es la región española con menor endeudamiento a cierre de 2023, con un 12% de su PIB. Así lo anunciaba hace unas semanas el Gobierno de Navarra, una noticia a priori muy positiva. Bienvenida la reducción de deuda que ha realizado el Gobierno foral, de 666 millones de euros desde 2020, es decir, ha conseguido bajarla un 18,4% en tres años. A diciembre de 2023, la Administración o, mejor dicho, los navarros, teníamos una deuda pública de 2.950 millones de euros. Lo que es lo mismo, 4.350 euros por navarro.

Siempre he defendido que tener una deuda pública controlada es fundamental para el desarrollo económico de un país o una región. Una deuda pública alta suele tener un impacto negativo en la inversión. Limita la capacidad del gobierno para invertir en áreas clave, genera incertidumbre y desconfianza en la economía, lo que puede disuadir la inversión privada y el consumo con un impacto negativo inmediato en el crecimiento económico. Igualmente, no se debería poner en riesgo la capacidad de un gobierno para financiar sus gastos por tener una deuda excesiva con tipos de interés elevados.

Las cifras de Navarra, insisto, muy positivas, suponen sin embargo una oportunidad perdida. En 2023, el Gobierno foral recaudó muy por encima de lo aprobado en los Presupuestos por el Parlamento a principios de año. Hubo un exceso de drenaje de 396 millones de euros. Pero es que fueron 754 millones el año anterior, 2022, y 364 el 2021. En total, más de 1.500 millones de euros en tres años, la mitad de la deuda que tenemos en la actualidad. ¿Por qué no emplear íntegramente ese exceso de ingresos para reducir deuda? Entiendo que para los administradores de lo público una mayor recaudación fiscal les resulta muy satisfactoria, pero es el momento de preguntarse si no sería más adecuado rebajar la presión fiscal y que este exceso de recaudación estuviera en el bolsillo de los ciudadanos para que lo puedan utilizar donde consideren. En resumidas cuentas ese dinero es suyo. Un mayor ingreso fiscal se debiera utilizar para ajustar la presión fiscal, ideal con la que comulgo, o bien reducir la deuda. Pero nunca gastar más que lo aprobado en el Parlamento.

Desde Institución Futuro y otras entidades venimos denunciando desde hace tiempo que en los últimos ocho años el presupuesto no financiero se ha incrementado un 66% (de 2016 a 2024), hasta alcanzar la ya mencionada cifra de 5.836 mil millones de euros. Una barbaridad. Del 2023 a 2024 el incremento ha sido del 11,4%. Se está gastando más que nunca, pero este hecho de por sí, no es positivo. Lo que importa es cómo se gasta. Y los resultados nos dicen que no se está siendo eficiente, porque la calidad de los servicios públicos no solo no mejora sino que la percepción es que están empeorando.

Es importante que los gobiernos implementen políticas para reducir la deuda pública de manera sostenible. En Navarra se podía haber hecho mejor, ya que el diferencial entre ingresos reales y previstos ha sido mayor que la reducción de deuda realizada. En la parte de reducción del gasto, algo poco popular para los gobernantes, también se podrían haber tomado medidas. Pero es más fácil, cuando la recaudación es positiva, seguir aumentado el gasto.

A nivel nacional la cosa pinta aún peor. Según datos del Banco de España, la deuda de las Administraciones públicas alcanzó en febrero de este año su propio récord, y es de las más altas de toda la UE: 1,6 billones de euros, por encima de 107% del PIB nacional. Lejos de los objetivos de estabilidad financiera pautados por Europa, y lejos de lo que el sentido común nos indica a cualquiera de los mortales.

No sé si llegaré a ver que algún gobierno, ahora o más adelante, plantee una reforma de la Administración seria. Que emplee el dinero público como lo que es, y no como moneda de cambio a futuro. Que entienda su labor más allá de los cuatro años de legislatura pensando en el medio y largo plazo. Que pacte áreas clave con otros partidos sin importarle quién se vaya a colgar la medalla o vaya a salir en la foto. Mientras tanto, ha pasado 2023, ya tenemos presupuestos para 2024 y, otra vez, los navarros hemos tenido otra oportunidad desperdiciada.

José María Aracama Yoldi. Presidente del think tank Institución Futuro.

Institución Futuro
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