Con los tipos de interés de las hipotecas al alza, el petróleo a casi 100 $/barril y una inflación del 4,3%, muchos creerán que es tiempo de abrocharse los cinturones y que el consumo está condenado a estancarse, incluso, a descender. Sin embargo, allá donde hay una amenaza, también existe una oportunidad. Así lo constata la consultora DBK quien indica que, pese a los tiempos de dificultades económicas que se avecinan, van a aumentar las ventas mundiales de productos de lujo destinados a un público masivo. Así, los perfumes crecerán un 6,2% en 2008 frente al 4,2% de 2007. La explicación reside en lo que el presidente de Estée Lauder, Leonard Lauder, formuló como el lipstick index o índice de barra de labios.

Este índice es un recurso que sirve para predecir la recesión en el mundo y establece una relación directa entre venta de pintalabios (crecientes) y economía (en recesión). De este modo, se explica cómo los consumidores de clase media, pese a tener dificultades económicas debido al incremento del tipo de interés y al descenso de su poder adquisitivo, aumentan sus compras de productos de prestigio masificables -como las barras de labios de marcas de lujo- a precios altos, pero no prohibitivos. La recesión hace que los consumidores de clase media tomen decisiones más cuidadosamente, lo que les hace optar por productos que llenen su espacio emocional. La venta, así, ya no es funcional, sino experimental, y esto se debe a que el consumidor ha evolucionado y se ha sofisticado. El Boston Consulting Group lo denomina como masstige (demanda de productos de prestigio destinados a un público masivo). Y es que a los consumidores les mueve la necesidad de buscar emociones individuales. Por ello, la experiencia del lujo, al distribuirse de forma limitada, causa sensación de escasez y hace que el consumo aumente, en contra de las alarmas sociales que se han encendido con la depresión económica.

Entradilla:
Con los tipos de interés de las hipotecas al alza, el petróleo a casi 100 $/barril y una inflación del 4,3%, muchos creerán que es tiempo de abrocharse los cinturones y que el consumo está condenado a estancarse, incluso, a descender. Sin embargo, allá donde hay una amenaza, también existe una oportunidad.