El panorama económico ha sufrido un cambio radical en los últimos meses y el pesimismo de los principales actores económicos, directivos, empresarios, profesionales financieros y expertos académicos, se refleja en las expectativas que manifiestan sobre la evolución que va a seguir la economía navarra y española. Sus juicios han pasado del moderado optimismo del primer trimestre de este año, a considerar que vienen tiempos difíciles.
Los expertos consultados por el Observatorio de Clima Económico CIES-CCN manifiestan sus preocupaciones a través de la importancia que dan a determinados aspectos de la actividad. Si hace unos meses citaban la falta de competitividad internacional y la escasez de mano de obra cualificada como los problemas verdaderamente preocupantes, en la última encuesta son la inflación, el desempleo, la escasez de capital o la demanda insuficiente sus principales temores. De ellos, la caída del consumo debiera ser, sin duda, el más preocupante, pues nos sugiere que la crisis ha llegado ya a todos los sectores. No se limita a la construcción y los mercados financieros sino que se ha extendido a la actividad industrial y a los servicios. Todos los días aparecen noticias en la prensa de reducción y ajustes de empleo por la caída de las ventas manifestada en la mayoría de las actividades económicas y el débil comportamiento de la demanda exterior. Existe también una notable preocupación respecto a la evolución de los tipos de interés y, sobretodo, persiste la inquietud sobre la falta de liquidez para financiar el gasto de consumidores y empresas. Sin una oferta razonable, en cantidad y precio, de financiación, el consumo doméstico y las actividades de gestión del circulante de las empresas y sus inversiones se resienten.
No todo es desconfianza entre los expertos consultados, pues consideran que un escenario de evolución positiva de la economía navarra para el próximo año todavía es posible. Pero los datos no son tan optimistas sobre este particular y muestran lo difícil que va a resultar mantener ese escenario imaginado. La UE acaba de publicar sus previsiones para la economía española que sugieren una reducción del 0,2% del PIB para el año2009; el Fondo Monetario Internacional alerta de que la reducción aún será mayor, un 0,7%. En esa coyuntura resulta muy difícil mantener una expectativa de crecimiento de nuestra economía regional en tornoal 1%.
Nos encontramos ante un panorama endiablado, un escenario de crisis económica, que se puede mantener durante al menos tres semestres y que marca un tiempo y una actitud.
Hay que corregir las deficiencias del sistema productivo empezando por abordar con seriedad y rigor los problemas de productividad y competitividad. Pensábamos que podíamos trabajar menos y gastar más y la burbuja se ha desmoronado. Ha llegado la hora del trabajo y del esfuerzo para superar las dificultades a las que nos tenemos que enfrentar. Necesitamos de un compromiso colectivo para encarar este tiempo de obstáculos.
Al sector privado hay que pedirle una moderación responsable de todas las rentas, tanto de los salarios como de los beneficios, para podermantener la mayor cantidad posible de empleo, el principal problema al que nos vamos a enfrentar. En las empresas hay que avanzar notablemente en la mejora de su flexibilidad y productividad, es vital la reducción del absentismo y hay que moderar los dividendos y apostar por una fuerte reinversión de los beneficios. Pero mientras los agentes privados realicen los sacrificios, el sector público ha de contribuir a completarlos. Con una notable disciplina fiscal que afecte a todos los capítulos del gasto excepto a la inversión; con una reforma de la administración que estimule sustancialmente la mejora de la productividad de los servicios públicos, más y mejores servicios con una mejor asignación y organización de los recursos y no necesariamente con más gasto corriente y de personal; con el desarrollo de un modelo energético más sostenible y que potencie la aparición de nichos de negocio innovadores. A la administración le corresponde la creaciónde un entorno fiscal y jurídico más ágil y flexible. Ello debería estimular la inversión en un aparato productivo sin los vicios del último ciclo económico. Esperamos haber aprendido que seguir estimulando la demanda de viviendas y un consumo excesivo de nuestros recursos ambientales y paisajísticos no es una opción para crecer ni razonable ni sostenible en el tiempo, y que hay que abordar con seriedad la asignatura siempre pendiente de nuestra productividad y competitividad.
Con compromisos y esfuerzo individual y colectivo encararemos esta difícil situación y saldremos finalmente reforzados. Entre tanto, no dejemos que la desconfianza, el pesimismo y el miedo se adueñen de nuestro futuro.