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Institución Futuro invitó hace unas semanas a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a impartir una conferencia en Pamplona. Esta cita, enmarcada en un ciclo con diversos presidentes autonómicos, sirvió para conocer de primera mano los éxitos que está obteniendo y la política económica que los fundamenta.

Los datos son indiscutibles y avalan el triunfo de la política que viene desarrollándose en Madrid en los últimos años. Una de cada cuatro empresas que se crean en España lo hace allí. Qué decir de la atracción de compañías: los datos referentes a 2021 colocan a la capital como la región que más empresas atrae, frente a Cataluña, que desde el referéndum ilegal de independencia de octubre de 2017 viene sufriendo una sangría constante de compañías que deciden cambiar su sede social. Desgraciadamente, Navarra fue en el primer trimestre de 2022 la región que más empresas perdió.

También Madrid se ha posicionado en los últimos años como una región especialmente atractiva para la inversión extranjera. De hecho, en 2021 el 73% la inversión extranjera en España recaló en Madrid con 20.943 millones de euros.

Finalmente, el crecimiento económico. Desde 2017, Madrid crece más que el conjunto de la economía Española. En el año 2000 el PIB de Madrid era inferior al de Cataluña; en 2020 es superior en 3.500 millones de euros, con un 14% menos de población.

En su visita a Pamplona Ayuso habló de libertad, de las rebajas de impuestos que llevan aplicándose desde hace más de quince años, porque “más gasto no siempre supone mejores servicios públicos”. Defendió la reducción de consejerías, la congelación de sueldos de funcionarios desde hace una década y la futura reducción del número de parlamentarios y del cuerpo de funcionarios públicos en pro de lograr unas cuentas saneadas, pensando en el ahora y en las futuras generaciones.

Estas ideas me parecen especialmente importantes ante el escenario macroeconómico al que se va a enfrentar nuestro país en el futuro próximo. Según el Gobernador del Banco de España, la economía española es la que peor lo ha hecho de todas las economías de la zona euro. En el primer trimestre de 2022 la actividad económica en España estaría 3,4 puntos porcentuales por debajo del nivel observado antes de la pandemia, mientras que en el conjunto la UE se está 0,4 puntos porcentuales por encima del nivel anterior a la covid. Por ello, el Banco de España considera que nuestro país no va a recuperar el nivel económico de 2019 hasta finales de 2023, más de un año después que el conjunto de la zona euro.

Igualmente considera que la inflación se encontrará por encima del 7% de media, y que ello provocará un aumento de los tipos de interés y un incremento del gasto y del déficit público nunca visto, con el consecuente aumento de la deuda pública que, de no aplicarse otra política económica, podría alcanzar cotas históricas y difícilmente financiables, en un entorno europeo crecientemente restrictivo en cuanto a la financiación de los déficits de las entidades públicas. Todo ello hace anticipar una nueva revisión a la baja del crecimiento estimado por el Gobierno para la economía española en 2022 y 2023.

En mi opinión, estos desequilibrios son consecuencia de la política económica que se está practicando en nuestro país, que se ha venido caracterizando por un progresivo aumento del peso del Estado en la economía. El intervencionismo regulatorio se ha sofisticado y ampliado a otros campos. El intervencionismo fiscal, gasto público e impuestos se ha disparado. Esto ha impedido mantener la estabilidad macroeconómica y ha creado un marco institucional que asfixia la energía creativa de los individuos, que desincentiva el esfuerzo, el talento y la asunción de riesgos.

España y Navarra están condenadas al declive económico si no se acomete una terapia de cambio radical. No estamos aquejados de ninguna enfermedad crónica que nos condene a la decadencia. En realidad no tenemos un problema económico, sino político.

Isabel Díaz Ayuso, dentro de las limitaciones que el marco constitucional establece para la autonomía en política económica de las regiones españolas, ha demostrado que es posible otra política económica que rompe con el sistema mal llamado progresista unificante y, sin complejos del pasado, establece las bases para un crecimiento sostenido, económico y social para todos.

Institución Futuro
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