
Hace unos meses el Gobierno de Navarra declaró en la región zonas de mercado tensionado y limitó los precios del alquiler. Ahora la intervención del mercado de la vivienda vuelve a situarse el centro del debate político, al anunciar el Gobierno que quiere limitar todavía más el alquiler y restringir los contratos temporales. Todo ello con la intención, dicen ellos, de facilitar el acceso a la vivienda.
El problema es que la experiencia y los datos empiezan a mostrar justamente lo contrario. Porque Pamplona lidera la caída de oferta de alquiler permanente entre las capitales españolas declaradas como mercado tensionado. Según los últimos datos, la oferta ha caído un 39% en apenas un año. Y esto no es casualidad.
La economía funciona a través de incentivos. Si alquilar una vivienda se convierte en una actividad cada vez más regulada, menos rentable y jurídicamente más insegura, muchos propietarios optan por dejar de alquilar. Algunos venden. Otros se desplazan hacia fórmulas temporales. Y otros simplemente prefieren mantener la vivienda vacía antes que asumir determinados riesgos.
Mientras tanto, seguimos sin abordar el verdadero problema de fondo: Navarra necesita mucha más vivienda. Hace dos décadas se construían más de 10.000 viviendas al año. Pero llevamos más de quince años sin llegar siquiera a las 3.000. Y mientras la demanda sigue creciendo, la oferta no acompaña.
La vivienda no necesita más trabas ni más incertidumbre. Necesita más oferta, más seguridad jurídica, más suelo disponible y más agilidad para construir. Porque cuando un bien escasea, la solución no consiste en intervenir cada vez más el mercado, sino en conseguir que deje de ser escaso.