
Lo cierto es que hay cuestiones que me aburren soberanamente. Se han instalado en los discursos y en la sociedad y, en realidad, lo único que hacen es distraernos de las verdaderas preguntas que deberíamos hacernos. Me estoy refiriendo a la dicotomía entre lo público y lo privado. Lo importante no es, o no debería ser, quién provee determinado servicio (la Administración o la empresa) sino si éste es bueno o malo y si es accesible a todos. Ese es el foco.
De verdad, ¿Podemos dejar ya de una vez el discurso “público es bueno y privado es malo”? La realidad, que es tozuda, y los datos contradicen continuamente este axioma instalado y grabado a sangre y fuego en algunos sectores. Lo que sí es cierto es que, cuando no hay competencia, no hay mérito y no hay evaluación del desempeño, tendemos a acomodarnos. Purita naturaleza humana. El resultado ya lo conocemos: las personas honestas que se auto-motivan y que están comprometidas con su trabajo siguen trabajando estupendamente, pero otras muchas bajan el rendimiento, se enquistan en el sistema e intentan frenar el ritmo a los demás. Sería muy interesante poder introducir algún sistema que lo evite. En un mundo ideal, los ciudadanos conoceríamos los resultados y calidad de cada servicio/centro y podríamos elegir. Los servicios/centros que se fueran quedando vacíos: ¡A mejorar o a cerrar!
”Privatización es como decir “que viene el lobo”
Pero, en general, decir “privatización” es como decir “que viene el lobo” y debajo de ello subyace esa concepción de que el empresario, de que el privado, es malo porque busca enriquecerse y no le importa el servicio ni las personas… en cambio lo público es mucho mejor… De verdad, dense una vueltecilla por cualquier servicio público y verán que hay de todo porque las cosas las hacen las personas y la calidad humana y la profesionalidad no dependen de la titularidad del servicio. Aprendamos de experiencias como las inglesas de centros sanitarios público-privados donde prima la calidad del centro, lo cual atrae pacientes de otros lugares que pagan y que reciben el mismo servicio que las personas del sistema público y gratuito (quiero decir pagado por los impuestos de todos sus ciudadanos porque gratis no es). Gracias a ese pago de los pacientes foráneos, el centro puede seguir invirtiendo en excelencia, en la formación de sus profesionales y en sus infraestructuras y aparataje y los ciudadanos reciben un servicio cada vez mejor.
Conocíamos hace poco una petición en el Parlamento para que la fundación Moderna sea pública. Como si eso fuera a hacerla mejor y a ayudarla a conseguir sus fines. Moderna significa nuevo modelo de desarrollo económico de Navarra y el desarrollo económico necesita de proyectos empresariales y de empresarios. En su espíritu inicial se trataba de un proyecto para hacer crecer las ramas sectoriales y fortalecer y mejorar las raíces transversales a todos los sectores. Y eso exigía la cooperación y colaboración entre públicos y privados. De hecho, en las visitas a otras experiencias similares era esa colaboración, precisamente, una de las claves de su éxito. Una vez más no hemos sabido hacerlo, es precisamente esa incapacidad para superar clichés, para trabajar juntos, para mirar al futuro y esa manía de politizarlo y etiquetarlo todo lo que está matando Moderna.
Trabajemos de verdad en mejorar las cosas con independencia de su titularidad. En la era de la cooperación sin fronteras no podemos estar perdiendo el tiempo en luchas inútiles que defienden esquemas del siglo pasado.
Lo dicho ¿público? ¿privado? ¡Que sea bueno!