
La deslocalización es un fenómeno propio de las economías industrializadas en las que existe competencia a nivel internacional, que consiste en trasladar la producción a países con costes menores. Para hacer frente a esta realidad, la empresa debe trabajar porque sus ratios de productividad sean mejores y por situarse en los primeros puestos en la escala de competitividad.
La deslocalización trata de optimizar la rentabilidad de las inversiones mediante la obtención, en el país de destino, de menores costes de mano de obra y de suelo industrial, mayores beneficios fiscales y legislaciones sociolaborales menos exigentes. Para evitarla, las empresas deben contar con estructuras eficientes, que contribuyan a la cadena de valor del producto. No basta con que la cadena de producción esté homologada bajo unos estándares de calidad, sino que también debe ser eficiente. Sólo así se podrá competir con las economías emergentes, en las que tanto los costes fijos como el coste de la mano de obra son muy inferiores a los occidentales.
Un modo de generar y mantener esta eficiencia es incorporar nuevas tecnologías a la cadena de producción. Este hecho puede convertirse en una ventaja competitiva sostenible a largo plazo y en una fuerte barrera de entrada para las industrias menos desarrolladas. Las TIC ofrecen de modo rápido y directo información de todas las áreas que componen los procesos industriales de cada planta, lo que supone un control mucho más profundo de los procesos de trabajo y de la calidad final del producto. Con ello se consigue brindar un mejor servicio al cliente con menos esfuerzo para la empresa. La calidad se ve optimizada y la competitividad de la empresa aumenta considerablemente.
El campo de actuación de estas tecnologías es prácticamente infinito. Entre otras muchas funcionalidades, destacan su utilidad para diseñar y probar nuevos productos, para reducir los niveles de los stocks, para agilizar las transacciones con clientes y proveedores, así como para desarrollar sistemas avanzados de gestión de la eficiencia de todos los recursos productivos.
Por último es preciso destacar que, con la introducción de la tecnología, la empresa establece las bases para ser más eficiente en el tiempo. Acciones como el descenso de costes de personal o el uso de materias primas de menor calidad generan un ahorro efímero. Sin embargo, el desarrollo de acciones como la planteada asegura que la rentabilidad de la planta sea cada vez mayor.
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