
Si 2009 iba a ser el año de la “caída libre” y la principal incertidumbre era cuándo tocaríamos fondo, 2010 parece que será el año de la recuperación mundial y de la vuelta a tasas de crecimiento positivas. Así lo indican un buen número de indicadores que llevan ya meses mostrando mejoras continuas. Pero desde el optimismo derivado del cambio en la tendencia de la economía mundial es necesario también no perder de vista las circunstancias, características e incertidumbres existentes todavía en torno a la economía internacional.
Un primer elemento a tener en cuenta es que el sector público está en buena medida detrás de dicha recuperación. Era necesario intervenir para evitar una mayor caída pero dicha actuación tendrá consecuencias en el medio y largo plazo. Quizá el caso más llamativo es el de Estados Unidos. Algunos analistas son críticos con el papel jugado por la Administración Obama y la Fed y el impacto que puede tener sobre su economía y la del resto del mundo. Una segunda cuestión es que será una recuperación con más paro, con más personas desempleadas. Esto repercutirá negativamente sobre la contención de los déficits públicos y la recuperación del consumo. En tercer lugar, pese a que la crisis financiera ya parece quedar lejos, siguen estando muy presentes sus consecuencias: la concesión de créditos sigue cayendo aunque hayan mejorado las condiciones. En todo el 2009, las encuestas de acceso a la financiación no han mejorado de manera clara y 2010 no se presenta muy optimista en este sentido.
La economía española sigue y seguirá enfrentándose a sus propios problemas: el sector de la construcción residencial sigue paralizado y tardará en digerir el exceso de oferta existente, el nivel de desempleo es y se mantendrá elevado el próximo año, limitando el consumo de las familias, y el déficit público se aproxima a unos niveles que obligará a tomar decisiones de calado si se quiere evitar que los mercados internacionales penalicen nuestra economía por ello. Pero quizá el problema más importante es que tras ya muchos meses de crisis, y ante la previsión de que 2010 no será el año de la salida para España, no parece que haya un espíritu de cooperación para afrontarlo de manera conjunta. Gobierno y oposición no parecen entenderse y sindicatos y patronal siguen emplazando su próxima reunión “para después de…”.
Y Navarra sorprendió a todos cuando el pasado trimestre creció un 0,5% y abandonaba así la recesión. En comparación a España, el impacto de la crisis no ha sido tan acentuado, el peso del sector de la construcción ha sido menor, sectores como el de la automoción (ligado a la planta de Volkswagen) y la agroindustria han aguantado mejor, el nivel de desempleo es menos intenso y ha habido mayor antelación y consenso político para afrontar la situación. Pero las dificultades todavía existentes y la necesidad de cautela también se aplican a la economía navarra. La inversión empresarial tardará en recuperarse, el desempleo se mantendrá en tasas elevadas, la financiación seguirá siendo escasa y sectores como el de la construcción lo tendrán muy complicado. Aunque la crisis llegó de manera muy rápida, la salida no será así, pero ahora al menos se ve con algo más de claridad
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