La consecuencia de tantos compromisos del pasado es un aumento de la proporción de los gastos estructurales, lo que reduce el margen de maniobra para afrontar la crisis y resta capacidad para promover actividad productiva.
A pesar de que el presupuesto parece formalmente equilibrado en una cifra de ingresos y gastos de 4.301 millones de euros, resulta excesivamente optimista ante el futuro borrascoso que se vislumbra, por lo que existe un reconocimiento implícito de un importante déficit público. Parece inverosímil que con una tasa de crecimiento del 1,1% se avance una liquidación de ingresos fiscales para 2009 de 3.746 millones de euros, cuando lo previsto al cierre de 2008 se situaría en 3.566 millones de euros, con una pérdida recaudatoria de 466 millones de euros, es decir, un 11,73% menos que lo presupuestado en 2008.
Probablemente será necesario realizar una reserva de gasto a lo largo del ejercicio para ajustar la ejecución a lo largo del ejercicio presupuestario. De hecho, en el año 2008 el ejercicio actual se cerrará con un fuerte déficit que habrá que refinanciar en años sucesivos. En este sentido, el Gobierno de Navarra tiene previsto para 2009 emitir 196 millones de euros en Deuda y el endeudamiento público foral pasará de ser de 644 millones de euros a 840,7 millones de euros, lo que supone un 4,8% de nuestro PIB.
El déficit es consecuencia no sólo de la caída de los ingresos, especialmente del IVA, del IRPF, del Impuesto de Sociedades, y de aquellos vinculados al sector inmobiliario, sino también del conjunto de medidas fiscales motivadas por las actuaciones del Estado con efectos en los Presupuestos como la “versión foral” de la aplicación de los 400 euros, la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio y el adelanto de la devolución del IVA, partidas que en conjunto supondrán una merma de 196 millones de euros.
Para reducir el déficit sería necesario llevar a cabo un recorte racional de gastos con el fin de mejorar la eficacia de los programas de gasto con los siguientes objetivos: I) revisar los gastos recurrentes que no tienen justificación real y efectiva, II) disminuir los gastos corrientes de la Administración foral, para evitar duplicidades en servicios y competencias, III) limitar la subida de los salarios de funcionarios, ya que parece excesiva en la fase económica en que estamos, IV) reducir el nivel de creación de empresas públicas, aumento de tasas y trámites burocráticos. Es incuestionable que ha faltado valentía por parte de los partidos que han pactado los PGN para afrontar una impopular política de control del gasto público.
El esfuerzo de inversión previsto en los PGN puede calificarse de intenso y comprometido para lograr una reactivación de la economía Navarra. Se trata de un componente de gasto con un elevado efecto multiplicador sobre el crecimiento económico y estrechamente vinculado al crecimiento de la inversión privada. En este sentido, la inversión prevista en aplicación del Plan Navarra 2012 supone un montante de 640 millones de euros en 2009, con un incremento de la aportación del Estado de 151 millones de euros a 200 millones de euros lo que supone un incremento del 32% respecto a 2008.
El reciente acuerdo del Gobierno de Navarra Partido Socialista para introducir una enmienda que deflacte un 2,5% la tarifa del IRPF introduce una notable mejora los PGN respecto a los del Estado. Esta modificación recupera la mayor parte de la pérdida que supondrá la inflación de 2008, si bien no amortigua el serio quebranto de no haberse deflactado apenas la tarifa los años anteriores.
En resumen, los PGN son unos presupuestos difíciles de cumplir, que apenas van a contribuir a afrontar la crisis económica. Es lamentable que Navarra, pudiendo por sus competencias adelantarse al resto de España, no lo haga por el populista consenso de UPN-CDN y PSN. Lo probable es que al no tomarse ahora las duras medidas que la situación requiere, la crisis se prolongue más años que los que dure en los países más responsables de la Unión Europea.