Hace poco podíamos leer en un artículo de El País que quizá lo mejor para el desarrollo social y económico de España no sea que exista un superávit de licenciados universitarios. Como reconoce Santiago García Echeverría, director del Instituto de Dirección y Organización de Empresas de la Universidad de Alcalá de Henares, en España hacen falta mandos medios, tenemos a un montón de universitarios haciendo esos trabajos, para los que no tienen una formación práctica adecuada.
La reticencia de muchos a cursar FP parece residir en la mala fama de la que gozan estos estudios. Independiente de que la calidad de este tipo de enseñanza mejore, si el 76% de los padres de alumnos de 12 años y el 71% de alumnos de 16 quieren que sus hijos acaben siendo titulados universitarios, no se conseguirá acabar con el desequilibrio entre el sistema educativo y el productivo.
De hecho, como indica un informe del Centro para la Competitividad de Navarra que se publicará en próximas fechas, aunque el éxito profesional y los salarios más dignos se asocian a las titulaciones superiores, en muchas comunidades autónomas esta premisa no se cumple.
En último término, con independencia del tipo de formación, lo importante es que la oferta y la demanda de empleo estén en consonancia.
Desgraciadamente, la tendencia en nuestro país parece indicar que las diferencias no van a recortarse.