
Numerosos estudios reflejan que una de las debilidades de la economía española es su baja productividad. El valor añadido que genera cada trabajador en España por hora trabajada es inferior al de otros países europeos. Aunque no en la misma medida, ésta es también una característica de la economía foral.
En general, el lento avance de la productividad en Navarra está relacionado con el mayor impulso dado en los últimos años al empleo, la baja productividad de la construcción y del sector servicios (especialmente los de mercado), las diferencias entre grandes y pequeñas empresas industriales y determinados factores microeconómicos, del entorno, y macroeconómicos, que suelen estar interrelacionados.
Suponiendo que las condiciones macroeconómicas vienen dadas y confieren un entorno de estabilidad en Navarra, cabe pensar que son los factores del entorno y de las propias empresas los que más tienen que ver con su productividad.
La innovación es uno de estos aspectos clave. Navarra, de acuerdo a las estadísticas y las grandes cifras (como el gasto que dedica a la I+D), ocupa una posición avanzada en el conjunto nacional. Sin embargo, esta información no refleja las diferencias tan importantes que existen entre las empresas según su tamaño y sector de actividad.
En el caso de las micro-empresas industriales, muy numerosas, están por lo general más atrasadas y su capacidad de innovación es menor. Suelen tener menor capacidad para invertir en tecnología y disponen también de menos recursos y personal, lo que les lleva a innovar de una manera más “pedestre” y habitualmente en procesos, lo cual suele ser difícil de recoger en las estadísticas.
Muchas pequeñas empresas reconocen la importancia de innovar en su modo de hacer y en los productos que ofrecen y son conscientes de que “se les pide” que sean innovadoras. Por eso mismo, también solicitan que su naturaleza sea considerada de manera especial en los programas de apoyo a la innovación.
Una barrera importante se encuentra en las propias empresas, en su menor “cultura de la innovación”. Por tanto, la mejora de la productividad pasará por la extensión de la innovación, de manera decidida y profesional y a través de un apoyo más dirigido de la Administración, a un número mayor de empresas que incluya a las más pequeñas.
Para ello, la formación de trabajadores y empresarios es piedra angular en nuestra productividad. Las empresas innovan cuando las personas que trabajan en ellas lo hacen, cuando aportan soluciones diferentes y nuevas formas de hacer. En este aspecto, juega un papel decisivo el sistema educativo.
Dos son las demandas de las empresas en este ámbito. Por una parte, tienen dificultades para encontrar determinados perfiles profesionales. Por otra, reclaman que, como ocurre en otros países europeos, los programas formativos, tanto en FP como en la universidad, incorporen un componente práctico necesario y fundamental para que los estudiantes conozcan en mayor medida la realidad y las necesidades de las empresas. No es tanto que los centros educativos formen en aquellas materias que necesitan nuestras empresas (que también), sino que los estudiantes desarrollen parte de su formación en las empresas. Naturalmente, para que un programa de este tipo funcione es necesario también que las empresas se involucren de manera decidida.
Otro aspecto de nuestro entorno, muy ligado a la productividad, es la normativa laboral. Ésta limita la capacidad de introducir medidas de flexibilidad en las relaciones laborales, consecuencia de lo cual pesa la contratación temporal en las plantillas. Esto, que no es positivo para el trabajador ni para la productividad de la empresa, es una de las reformas estructurales que se reclaman desde hace tiempo y que, en el momento actual, vuelve a cobrar una importancia renovada.
Por último, un elemento destacado es el papel de la Administración. La teoría nos dice que debe crear las condiciones favorables para que las empresas puedan desarrollar su actividad, para lo que es importante que la comunicación entre empresas y Administración sea estable y coordinada. En Navarra, las empresas más pequeñas demandan más cercanía por parte de la Administración y la reducción de las trabas y trámites a los que se enfrentan en su actividad diaria. Perciben que la Administración no tiene en cuenta sus peculiaridades, lo cual les limita a la hora de acceder a ayudas, invertir en innovación, formar a sus empleados o participar en concursos públicos.
La lista de factores que incide en la productividad no termina en los señalados. Sin embargo, los citados son lo suficientemente importantes como para atenderlos de manera urgente, no sólo para salir de la crisis, sino para garantizar la competitividad de las empresas en el futuro.
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