No cabe duda de que la crisis mundial está afectando de manera muy importante a la economía española. Pero quizá sería demasiado decir que la actual situación de la economía española se debe exclusivamente a la crisis financiera o a problemas originados fuera de nuestras fronteras.
Sí parece evidente que la crisis está afectando de manera más severa a España porque tenía problemas estructurales, sobre los que no se ha actuado en los años de bonanza y que ahora hacen que la previsión de recuperación se retrase más para España que para otros países de su entorno. Utilizando el símil montañero, cuando la pendiente se ha vuelto más inclinada ha puesto en evidencia nuestra falta de forma y los problemas de salud que veníamos arrastrando.
No son pocos los analistas e instituciones que ya no plantean medidas anti crisis por su escasa efectividad y desconocidas consecuencias en el medio plazo, sino que abogan por la imperiosa necesidad de abordar verdaderas reformas estructurales en algunos de nuestros mercados. Destacan el caso del sector energético, la educación y formación, la justicia.
Una de estas es la del mercado laboral. Para analizarlo y escuchar posibles medidas, en la Cámara invitamos recientemente a Juan Antonio Sagardoy, catedrático de derecho laboral y gran conocedor de este tema. En un momento en el que se puede decir que no estamos escuchando nuevas propuestas que pudieran ayudarnos a gestionar la situación actual y la futura, resultó muy esperanzador escuchar las aportaciones que planteó el ponente, de las que quiero hacerme eco en estas líneas.
El profesor destacó algunos de los factores que explican por qué el mercado laboral español está sufriendo de manera mucho más acusada la crisis. En primer lugar, España ocupa los primeros puestos en cuanto a rigidez del mercado laboral, superada solamente por Eslovenia y Estonia. En segundo lugar, la temporalidad en el empleo (30%) triplica a la de la UE-15, y establece una clara dualidad entre los contratados fijos y temporales.
Se puede aducir que el incremento del paro es la consecuencia de la crisis mundial (cuyo efecto naturalmente no podemos obviar), pero a este respecto resultó revelador el dato aportado por el profesor: en Estados Unidos, epicentro de la crisis financiera, con sectores productivos realmente afectados como la construcción o la automoción, y donde el consumo ha registrado una caída muy importante, la peor tasa de desempleo en esta crisis ha sido el 8%, registrado el pasado año, y ésta es, precisamente, la mejor tasa de España y en épocas de bonanza.
Ante la seriedad de la situación del mercado laboral, el profesor Sagardoy abogó por la necesidad de introducir cambios que necesariamente deben ser serios y de calado. Así, habló de la necesidad de introducir un único tipo de contrato sin distinguir entre fijo y temporal, sino indefinido con una indemnización por despido más razonable y menos costosa. No es la única alternativa planteada por el experto. Defendió también la posibilidad de utilizar otros recursos como los contratos fijos término, contratos de lanzamiento de nueva actividad, el contrato a tiempo parcial, muy poco utilizado actualmente, el impulso del teletrabajo (y la necesidad de una regulación apropiada), los contratos flexibles o la necesidad de desarrollar una normativa específica que se ajuste a las PYMES.
Ante las serias dificultades que están atravesando algunos sectores económicos, los gobiernos de las principales economías han decidido actuar adoptando medidas sin precedentes que en algunos casos van en contra de los principios defendidos por quienes las aceptan. El caso que más ha sorprendido han sido el de las medidas tomadas en Estados Unidos (y otros países) para "rescatar" al sector financiero. Podría decirse que se han adoptado medidas en un tiempo record, lo cual seguramente supuso muchas horas de duras negociaciones y de debate en torno a una mesa. No está claro cuáles serán sus implicaciones a medio plazo, pero lo destacable es que, ante un problema de tal magnitud, se han hecho los esfuerzos necesarios para ponerlas en marcha.
Esto no pasa aquí. Coincidimos con el profesor Sagardoy cuando decía que lo que más llama la atención es que, pese a existir múltiples posibles medidas y alternativas, ni tan siquiera se están barajando o debatiendo de manera seria. No se considera la posibilidad tampoco, como en el caso financiero, de establecer medidas transitorias.
Y todo esto pese a que no parece haber dudas del número de parados al que se llegará este y el próximo año. Lamentablemente, tampoco parece haber dudas sobre las consecuencias: cuando otros países vuelvan a convertirse en locomotoras económicas, nosotros trataremos de engancharnos como un vagón más. Esperemos que no sea el de cola.
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