Y ello ha sido así porque muchas de las medidas ejecutadas en estos años, sean estas fiscales, educativas, de empleo o vivienda han sido diseñadas con buenas intenciones pero de forma aislada, sin tener en cuenta las consecuencias que podían provocar en otras áreas distintas a las que inicialmente se dirigían. Y estas regulaciones han ido distorsionando los incentivos de los jóvenes, los trabajadores y los empresarios y generando conductas que nos han llevado a la actual situación.
Con un ejemplo analizaremos las relaciones entre las distintas políticas económicas. El círculo comienza con la extensión de universidades a todas las Comunidades Autónomas. Hoy tenemos más de setenta. Esta ampliación de la oferta, la falta de indicadores sobre su calidad junto con una limitada política de becas ha fomentado la elección de los estudiantes de una carrera universitaria cerca del hogar familiar. Esta opción condiciona el funcionamiento del mercado de trabajo ya que la baja movilidad de los estudiantes durante su formación, reduce su movilidad laboral.
Además, los elevados precios de los alquileres junto con altas tasas de temporalidad en el empleo entre los jóvenes se traducen en dificultades para independizarse y desarrollar su proyecto personal. Por otro lado, cuando una persona accede a un contrato fijo, los bancos y cajas le facilitan la financiación para su vivienda. El paso a un empleo permanente y la adquisición de vivienda en propiedad reducen todavía más la movilidad en el mercado de trabajo. Además, las elevadas tasas de vivienda en propiedad no se deben sólo a las preferencias de los jóvenes, sino que tienen también su origen en los potentes incentivos fiscales que estimulan la compra de vivienda frente a la opción del alquiler. Así, la persona que adquiere una vivienda queda normalmente anclada a un espacio y se compromete con una deuda hipotecaria por más de treinta años. Y ello vuelve a reducir la movilidad geográfica.
Este ejemplo pone de manifiesto que las políticas educativas, fiscales, de adquisición de vivienda y de financiación tienen efectos importantes sobre el funcionamiento del mercado de trabajo; ya que afectan a la mayor o menor movilidad de los jóvenes y condicionan sus estrategias de búsqueda de empleo. Nos encontramos con un colectivo numeroso de jóvenes que no han salido de su casa para formarse y que tienen pocos estímulos para buscar trabajo fuera.
Por ello, la política económica a desarrollar no debe improvisarse y tiene que ser elaborada teniendo en cuenta su complementariedad y las conexiones que se generan entre las distintas medidas económicas. Es necesario reconocer el impacto que las políticas públicas producen sobre los incentivos y los comportamientos de los estudiantes, trabajadores y empresarios. Por eso las políticas económicas que se formulen en estos momentos en España y en Navarra deben representar un cambio profundo de las viejas iniciativas y tienen que servir para depurar aquellas herramientas que no han sido eficaces porque conducen a resultados no deseados. El crecimiento de nuestra economía necesita hoy, más que nunca, de un diseño robusto y coherente de las políticas a seguir. Las economías no evolucionan espontáneamente sino que son el resultado de actuaciones y diseños institucionales inteligentes o confusos. La clave de su efectividad está en el encaje y complementariedad de las medidas económicas que se tomen.