
Realmente ¿es tan difícil contar las personas que asisten a una manifestación? Se ha convertido en una costumbre que nos den dos cifras, la de los pro y la de los contra, separadas años luz e igualmente poco creíbles. ¿Es que en un país desarrollado como España es imposible realizar una operación aparentemente tan sencilla? ¿Por qué nos hemos conformado?
Me sigue sorprendiendo que, así como existe el derecho a hacer huelga cuando ésta ha sido legalmente convocada, no parezca existir el derecho a no hacer huelga. Resulta incomprensible que los huelguistas destrocen comercios y amenacen a los propietarios que están ejerciendo su libertad de abrir su establecimiento o que los mal llamados piquetes informativos coarten a los que quieren trabajar. Llevo años oyendo que el problema es que en España no hay una buena regulación del derecho a la huelga. ¿Y a qué esperan para hacer esa ley? ¿Ha calculado alguna vez alguien la cantidad de euros que se dejarían de perder si solo hiciera huelga el que realmente quisiera?
Pongámonos ahora en el lugar de cualquier organización que esté contratando personal: seguro que pide referencias a los candidatos, las examina y no contrata a nadie que no reúna las cualidades necesarias para realizar el trabajo. ¿Por qué no ocurre así en el caso de parlamentarios, cargos públicos o consejeros de algunas entidades? Es estupendo que cualquier ciudadano pueda llegar a ser un representante público, pero eso no quita para que a esos ciudadanos se les exija un mínimo currículum, el necesario para poder realizar un buen trabajo. Y en el caso de los consejeros, ¿cómo van a aconsejar y controlar a los directivos en nombre de los accionistas de la empresa si no conocen ni entienden el negocio de la entidad en la que ejercen de tales?
Y ¿cómo se deciden las grandes obras? ¿Hay un plan de viabilidad? ¿Tiene en cuenta no solo la inversión inicial, sino también el coste de mantenimiento anual? ¿Y la demanda? ¿Y el coste de oportunidad de tener ese dinero mejor invertido? Seguramente es ignorancia, pero muchas de las obras que se han hecho últimamente a los ciudadanos de a pie nos parecían incomprensibles. Por poner un ejemplo, en el caso de la nueva terminal del aeropuerto de Pamplona, todos los que viajan a Madrid saben que hacerlo en tren es mucho más seguro, se pierde menos tiempo, se puede trabajar en el trayecto, es más económico y siempre sale. En el caso del avión, que si niebla, que si problemas técnicos en los vuelos poco llenos, precios desorbitados… Sólo si el trabajo en Madrid comienza antes de las 10 o si hay que hacer conexiones con otros vuelos es más conveniente ir en avión. ¿Quién supuso que el tráfico del aeropuerto iba a aumentar?¿Tuvieron en cuenta lo expuesto anteriormente? ¿Y que el tren iba a reducir el tiempo de trayecto? Es cierto que el aeropuerto se veía un poco "casposo" y convenía darle una vuelta y ampliar las salas de embarque, pero ¿una nueva terminal? Podría poner otros ejemplos como el circuito de los Arcos, la ciudad agroalimentaria, el pabellón Arena… Pero sirva este como botón de muestra de mi desconcierto.
Y ya, si nos ponemos filosóficos, a mí me gustaría saber por qué a los partidos que no están en el Gobierno les llamamos "oposición". Yo no creo que su función sea oponerse, sino servir a los ciudadanos, que para eso les hemos elegido y les pagamos el sueldo con nuestros impuestos. Unas veces no estarán de acuerdo con el Gobierno pero otras sí, y aunque tengan puntos de vista diferentes, la obligación de todos es construir una Navarra mejor, no "oponerse". Por eso me choca la petición que hace algún político a Barcina de que dimita porque está en "minoría" y no va a poder gobernar. ¿Qué nos está diciendo? ¿Que declara ya rechazada de antemano cualquier propuesta que vaya a hacer el Gobierno sin recibirla, ni leerla? ¿Que se va a oponer por sistema? No lo entiendo. Por cierto que aprovecho para decir que a mí me encantaría que se reconocieran las buenas actuaciones aunque las hubiera hecho otro partido.
Podría seguir, pero yo con que alguien me aclarara todo esto ya me doy con un canto en los dientes. Mientras tanto, creo que no deberíamos conformarnos con el manido "siempre se ha dicho o hecho así" y animaría a los ciudadanos de Navarra a que muestren su disconformidad con todas las cosas inconcebibles que estamos viviendo. Yo, por mi parte, pienso seguir dando la lata.
Belén Goñi Alegre es directora general del think tank Institución Futuro