Expansión, 10 de abril de 2007
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
En España somos más dados a la crítica que a la alabanza. Parece como que hablar bien de otros quita mérito a quien lo confiesa. Muy al contrario, admirar implica descubrir un modelo donde inspirarnos para mejorar. Por ese motivo hoy no profundizaré en la responsabilidad de La Moncloa en la descuartización de la eléctrica, ni aludiré a las desaprobaciones de la prensa internacional con los torticeros manejos de nuestro Gobierno que tanta desconfianza despiertan para invertir en España.
Además, en consonancia con estas censuras ya ejercí de ‘profeta de desgracias’ cuando escribí: “La OPA desprestigia a España” (Expansión 4/3/2006). Buscando sacar algo positivo de este esperpéntico intervencionismo, hablaré bien del valiente que ha resistido, con la esperanza de que este elogio promueva audacias similares.

En un país donde el mundo económico teme al prepotente Ejecutivo, es admirable el coraje de Manuel Pizarro en la guerra por defender la eléctrica. A diferencia de lo que comienza a ser conducta habitual, el Presidente de Endesa ha tenido el pundonor de no caer en la cómoda pasividad de los que conjugan contemporizar con el Gobierno y maximizar el lucro personal.

Su valor de atreverse a desafiar al despotismo de La Moncloa emula la gesta de su homónimo, el conquistador de Perú. Aunque no tengo nada que ver con Endesa, he tenido el privilegio de escuchar a su Presidente en dos conferencias abiertas. En ambas me impresionó su talento para defender los sólidos principios en los que cree, buscando más convencer que vencer. Anotaré algunas secuencias de su semblanza obtenidas desde fuentes contrastadas ajenas a la eléctrica.

Como abogado del Estado hizo una labor magnífica para minimizar los costes para el país de la incautación de Rumasa. Su preocupación fue que no se derrumbase la seguridad del sistema financiero español y mantener los puestos de trabajo. Tras una gestión exitosa como agente de cambio y bolsa (que le hubiera permitido vivir confortablemente) aceptó cargos, más por su vocación de servicio que por el poder que entrañaban. En su paso por las cajas de ahorro (Presidente de Ibercaja, de la Confederación y del Instituto Mundial) su ética le llevó a manifestarse partidario de que éstas entidades de depósito no tendiesen a ser tiburones financieros, sino que, al no tener accionistas, sirvieran a toda la sociedad generando desarrollo.

De su etapa como Presidente de la Bolsa de Madrid se podría decir el mejor encomio de quien ejerce una labor de coordinación: hizo tan bien su trabajo que no se notó su presencia. En aquellos años su característica tenacidad aragonesa la empleó a fondo para generar confianza en invertir en España.

El resultado lo estamos contemplando ahora: el volumen de negociación se ha multiplicado por veinticinco y la bolsa española es la cuarta de Europa. Por último, cuando llegó a la Presidencia de Endesa saneó el balance de la compañía, limpiando las deudas provocadas por la expansión en Latinoamérica y convirtiendo a esta eléctrica en una de las mayores del mundo.

Trapicheos políticos
La buena estrella de Pizarro se eclipsa cuando los intereses de Endesa tropiezan con los trapicheos políticos. Montilla se equivocó en la valoración de la categoría humana de D. Manuel, cuando urdió una OPA que compensase la cancelación de las deudas de su partido con La Caixa. El episodio más sangriento de la cacería contra su persona fue la comparecencia ante la Comisión de Industria del Senado el 14 de febrero de 2006.

En esta ocasión un senador socialista acusó a Pizarro de que al resistirse a la OPA anteponía sus intereses personales al bien de Endesa. La prueba de que aquella OPA era un timo para los accionistas es que la oferta de GasNatural fue de 21 euros (sobre todo en papel) y la prometida de Enel-Acciona es de 41 euros (todo en dinero).

La guerra no ha terminado. Ojalá el tesón del turolense evite el desmantelamiento de Endesa, pero aunque ahí obtenga una derrota, hay tres triunfos más sublimes que ningún político le podrá robar: la alegría de haber obrado con rectitud, un buen ejemplo a la sociedad civil para que se enfrente a los chantajes del poder, y el consuelo de que su lucha por la libertad ha conquistado el aprecio de España.

Institución Futuro
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