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Resulta difícil en estos tiempos de crisis y desmoronamiento en cascada detenerse en algún problema. No obstante, si hubiera que elegir un problema al que dedicar un poco más tiempo que los demás el de la Educación no sería el menos importante. En este sentido PISA acaba de dar una increíble bofetada de realidad al sistema educativo europeo, dentro del europeo al español, y dentro del español muy particularmente al sistema educativo foral.

 

 

 

Las gráficas anteriores ya resultan bastante ilustrativas de la situación sin mayor comentario, pero el boletín semanal de Institución Futuro nos permite introducir en la reflexión un dato más: el del gasto por alumno. La puesta en relación de la evolución de los resultados del sistema educativo con su coste evidencia que gestionar mal es posible en todos los sectores, también en la Educación.

 

 

Salta a la vista que hay un problema con el sistema educativo pero no es de dinero, sino de modelo. En unos sitios porque la construcción nacional y lingüística prima sobre la enseñanza, y en todos porque el adoctrinamiento ideológico y la desidia woke son el cauce vertebrador de la educación. Es deber de la sociedad en general sin embargo, por un lado, empezar a negarse a pagar más impuestos, ni siquiera con la excusa de la Educación, mientras no se optimice la gestión y la consecución de resultados con el dineral que ya estamos pagando, y hasta que no vuelva a existir una correlación positiva entre gasto y resultados. Es inaceptable que a más gasto peores resultados. Por otro lado, es también un deber de la sociedad restaurar la libertad educativa y despolitizar el sistema educativo. No es labor del sistema educativo que de las aulas salgan activistas sino alumnos preparados, salvo que alguien prefiera que le opere un activista en vez de un cirujano.

 

 

Institución Futuro
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