No parece justo demonizar a las grandes superficies como parásitos destructivos. No podemos olvidar que también generan empleo (y posiblemente más que el pequeño comercio), actúan como tractores de nuevas empresas o ideas de negocio, suponen importantes ingresos para las arcas públicas y en definitiva son fuente de riqueza y crecimiento. ¿No es cierto también que su implantación ha supuesto una mayor oferta y mejores precios para los consumidores? ¿No es esto positivo?
¿Qué puede hacer el pequeño comercio? Pelearse con la Administración puede ser una vía, pero no creo que sea fructuosa. La respuesta podemos hallarla si observamos que no todos los pequeños comercios del casco antiguo sufren la competencia de la gran superficie. ¿Por qué los clientes de ciertas tiendas de toda la vida siguen haciendo cola hasta la calle? Porque ofrecen un producto diferenciado. Se trata de ofrecer aquello que no encontramos en las grandes superficies, no sólo en cuanto a producto sino en imagen, servicio, calidad, cercanía con el cliente, información especializada, etc. Naturalmente, esto es más fácil decirlo que implementarlo, pero esta es la fórmula según la cual, no sólo el pequeño comercio sino cualquier tipo de actividad, pueda competir con garantías de éxito en un entorno tan competitivo como el actual.