Por otra parte, la economía de Navarra ofrece tecnología, recursos y capacidades valiosas para el desarrollo de los negocios. La industria navarra se ha especializado en un reducido número de sectores, con importante presencia de capital extranjero y amplio desarrollo de sectores de media-alta tecnología; el 41% del VAB industrial se genera en estos sectores. Además, las actividades de alta tecnología son de escasa importancia en comparación a las cifras que muestran las regiones más avanzadas de la UE. En cuanto al impulso a la I+D+i, medido por el número de patentes realizadas, observamos que este indicador ha mejorado en Navarra en los últimos años, y ha pasado de 23,71 patentes por millón de habitantes en 1995 a 76,63 en 2002. Sin embargo, está todavía muy lejos de las regiones europeas más desarrolladas como Stuttgart (Alemania), con 736 solicitudes.
Otros rasgos de nuestro entorno local son: su alto potencial energético mediante renovables, una amplia disponibilidad de personal cualificado y la existencia de un número importante de centros tecnológicos sectoriales. La capacidad de financiación de iniciativas innovadoras ha mejorado gracias al desarrollo favorable del capital riesgo, y la proximidad a clusters de comunidades próximas y mejoras en la gestión de la cadena de actividades de distintos sectores, han generado suministradores y proveedores locales muy competitivos. Pero en la cadena de relaciones verticales, todavía no ha arraigado una cultura de cooperación y colaboración entre empresas.
Por último, la estrategia de las compañías es la otra variable que condiciona la productividad. Entre las empresas industriales de Navarra, se observa una amplia variedad de estructuras organizativas y estrategias. Existe un grupo de empresas excelentes, en torno a un veinte por ciento del total, que utilizan sistemas de gestión avanzados y compiten con las mejores empresas del mundo en los mercados internacionales. Pero, en la mayoría de los casos, se aprecia una pauta moderada hacia el cambio. En este grupo, la gestión se basa más en métodos tradicionales, mando y control, que en la incorporación de nuevos sistemas de dirección más eficaces y que se apoyen en la información, la participación y el liderazgo. Muchas empresas están automatizando sus procesos e incorporando herramientas de gestión de la calidad, pero la inversión en herramientas tecnológicas complejas (ERP) es escasa y la inversión en TICS es todavía moderada. En cuanto a la gestión de los recursos humanos, ésta se lleva a cabo en las compañías navarras mediante políticas muy convencionales. En la mayoría de las empresas no hay estrategias de gestión de los recursos humanos, sino mera administración del personal. La seguridad en el empleo viene condicionada por el tipo de contrato laboral, y los incentivos para los empleados se basan en el salario fijo. La inversión por empleado en formación es baja y en las relaciones industriales predomina más la desconfianza y el conflicto entre empleados y dirección que la cooperación y la confianza.
El panorama que hemos presentado reconoce algunas limitaciones y obstáculos a la mejora de nuestro potencial de crecimiento. Más competencia en los mercados de bienes y servicios, un entorno microeconómico local más favorable a la colaboración entre empresa e instituciones y unas estrategias empresariales más sofisticadas, orientadas a la creación de valor y elaboradas desde nuevos modelos de gestión, resultarán cruciales para impulsar la mejora sostenida de la productividad de la economía navarra.