Para mejorar la productividad, también apuntamos y sabemos, de la mano de los expertos y la evidencia existente, que la clave está en mejorar la innovación: no sólo hay que hacer las cosas mejor (que también), sino que es necesario hacer cosas nuevas. Esto no es sencillo. La capacidad innovadora de las empresas y por tanto su competitividad depende de multitud de variables, factores y condicionantes, muchos de los cuales no son directamente controlables por las empresas.
No quiere decir que las empresas que no innoven desaparecerán mañana, porque la competencia y los entornos competitivos no cambian de la noche a la mañana, pero es seguro que están cambiando y cambiarán a ritmo creciente en el medio plazo. Cuanto mejor estén preparadas las empresas y más hayan asumido la importancia de la innovación y su naturaleza, mejor podrán competir.
Además, apuntamos que al hablar de innovación no se trata únicamente de la incorporación de nuevas tecnologías o de mejorar el nivel tecnológico de las empresas. La tecnología y el capital humano cualificado puede ser adquirido en los mercados de factores nacionales o internacionales, y por tanto copiado. Una cuestión también importante es entender que la innovación no es (o no debería ser) sólo tecnológica. En este sentido resultará importante ser innovadores también en la gestión de los recursos humanos.
Esto suscita algunas preguntas interesantes: ¿Qué quiere decir eso exactamente? ¿Existe tal mentalidad en el empresariado navarro? ¿Tenemos personas capacitadas para desarrollar tales cambios en las medianas y pequeñas empresas de Navarra? ¿Cuál es la experiencia de las empresas en la aplicación de modelos alternativos de organización y gestión de recursos humanos? ¿Es extrapolable la experiencia de las grandes empresas multinacionales al caso de la pyme? ¿Deberían ser las recetas diferentes?
Desde el CCN esperamos contestar a algunas de estas cuestiones, aprendiendo entre todos cuáles pueden ser estos mecanismos y la forma de implantarlos en las empresas navarras. Uno de los pasos a seguir puede ser el fomento del espíritu de cooperación entre las empresas, a través de por ejemplo el intercambio de experiencias de éxito en este ámbito. Existe la idea preconcebida de que la competitividad se asocia a competencia. Esto no es del todo cierto. Existen numerosos ejemplos a nivel mundial y nacional de que los entornos locales donde se concentran empresas que compiten pero también cooperan entre sí, resultan en mejoras de la productividad. La cooperación empresarial en estos clusters estimula la innovación y por tanto la productividad de las empresas que los componen.
Los nuevos paradigmas de la competitividad implican la introducción de estos y muchos otros cambios en las estrategias, organización y las formas de hacer y competir de las empresas. Todo ello no se consigue en el corto plazo o en el marco de una legislatura. Se trata de una carrera de maratón, pero que hay que empezar a correrla lo antes posible.