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Generalmente no nos gusta que nos pongan en situaciones incómodas y preferimos no enfrentarnos a los problemas. Si nos ofrecen aplazar una decisión difícil, solemos elegir aplazarla. Nuestros políticos lo saben y escogen en muchos casos edulcorar la realidad y no presentárnosla con crudeza. Hasta que es demasiado tarde, claro.

El tema de las pensiones, por ejemplo, es un caso flagrante. En voz baja y sin micrófonos de por medio los gobernantes admiten que el sistema es ya inviable. Que el sistema ingresa cada año 150.000 millones por las cotizaciones y paga 210.000 millones. Y que lógicamente, va a ir a peor conforme se vayan jubilando las generaciones del Baby boom, cosa que está empezando a pasar. Ahora estamos destinando ya 65.000 millones de nuestros impuestos para pagarlas, cuando hace unos años bastaba con las cotizaciones. Y endeudamos a generaciones futuras para ello. La justificación más extendida es que “bueno, los pensionistas reciben lo que cotizaron”. Pero no es cierto: cada jubilado recibe de media un 45% más de lo que cotizó (cálculo financiero incluido).

Éste resulta un asunto tremendamente incómodo porque va a exigir primero, decir la verdad, y luego sacrificios a todos. Nuestros políticos prefieren jugar a “a ver a quién le explota el globo”. Y nosotros, que sospechamos que esto no puede durar, preferimos que nos engañen. Nadie ganará unas elecciones diciendo la verdad sobre las pensiones, porque la verdad es cada vez más desagradable. Avance: el globo les explotará a nuestros hijos y nos pedirán cuentas. Otro asunto incómodo que no queremos afrontar es el absentismo. Recientemente este medio publicaba que cada día faltan al trabajo más de 22.000 navarros, 4.000 de ellos sin parte médico. Hay empresas del sector industrial con un absentismo superior al 12%. Es ya el principal problema de las empresas navarras y ahí tenemos responsabilidad todos.

Porque luego pasa lo que pasa. Llegan las deslocalizaciones y nos llevamos las manos a la cabeza. En cada multinacional hay un comité en Munich, en Berlín o en Chicago que mide el absentismo y cuando se encuentra cifras alarmantes (y las tenemos), empieza a buscar alternativas de localización. Esto es así de claro. No sale gratis. Y en la PYME, en ese taller o negocio de 6-10 empleados, el sobrecoste que representa el absentismo es simplemente letal. Y ese pequeño empresario, al final, harto de regulaciones, de papeleos, de absentismo y de pérdidas, decide cerrar.

Pues bien, de estos dos temas no oirá hablar usted a los políticos porque no dan un solo voto. Más bien restan, porque no queremos que nos den malas noticias. Y son, probablemente, los dos principales problemas de la economía española y navarra.