Acceso íntegro al articulo

Se veía venir. Era cuestión de tiempo. Después del ataque a la educación diferenciada, viene la dentellada a la concertada. Porque lo que les repatea (permítanme el verbo) es que los padres puedan elegir. Y además, no solo son los padres “ricos”, no. No entienden, en su mente sectaria, que unos padres trabajadores puedan elegir, con mucho esfuerzo, mandar a sus hijos a un colegio concertado (¡incluso a veces religioso!). Y lo hacen, vaya si lo hacen. Así que los que pensaban que el ataque a la diferenciada no iba con ellos, estaban muy equivocados. Parafraseando el poema de de Niemöller: “Cuando vinieron a por su colegio no protesté, ya que no era el mío. Cuando vayan a por mí colegio, ya no habrá nadie para defendernos”.

Y esto viene a cuento porque Contigo Navarra (lo que queda de Podemos) presentó la semana pasada una moción en la que afirma que “no tiene sentido mantener unidades concertadas innecesarias cuando la educación pública tiene capacidad suficiente para absorber la demanda escolar”. Vamos, que se la quieren cepillar porque la gente elige una enseñanza que no controlan. Ellos sí que saben educar y no los padres. Ya se le escapó en 2016 a una parlamentaria de Izquierda Unida la terrible frase de “ustedes los padres pueden opinar lo que quieran, pero de estos temas (se refería a la educación sexual de los hijos) no pueden decidir”. Está en las actas del Parlamento.

Ante estas soflamas lo mejor es acudir a los datos. Según la información del Departamento de Educación, recabadas por Institución Futuro, en Pamplona los padres han preferido en un 53% la Educación concertada para el próximo curso, y en Tudela, en un 54%. Es en estas capitales donde hay centros concertados, principalmente. No tiene sentido el calcular en estos porcentajes donde no hay oferta de ese modelo. Así que como los tontos de los padres no hacen caso, cerremos la concertada.

Más datos. Un alumno de la enseñanza pública cuesta al estado 7.960 EUR al año. Un alumno de la concertada 4.460. ¿Por qué? Porque los padres pagan parte y porque están mejor gestionados. Lo público gestiona regular tirando a muy mal. Hay que recordar que los padres que mandan a sus hijos a la concertada pagan las dos. Sí, pagan la pública (y no la usan) y parte de la concertada. Así que el argumento de “si quieren concertada que la paguen”, no cuela. Si se cepillaran la concertada, el coste se dispararía, como pueden imaginar, suponiendo, y es mucho suponer, que el sistema público pudiera absorber toda esa demanda.

Pero no se equivoquen. El problema no es un colegio, un sistema o su financiación. Una vez más, el problema es la libertad. En este caso, la libertad de los padres que han elegido llevar a sus hijos a un colegio con unas características específicas (religiosas o no) y, en muchos casos, con un esfuerzo considerable. Y en el fondo, eso es lo que les duele a muchos. Que los padres, en el ejercicio de su libertad, elijan otro tipo de educación al que quiere el gobernante de turno. Esa es la clave de la cuestión. No que la educación sea concertada o no, sino que el estado te diga qué modelo de educación es el bueno para tus hijos.

Alvaro Bañón Irujo. Economista y miembro del think tank Institución Futuro.