
Con la polémica del cierre o no de la central nuclear de Santa María de Garoña en Burgos, se reabre el debate de la energía nuclear en España, lo que para algunos supone abrir la caja de los truenos. Debiera haberse celebrado hace más de 25 años, pero en aquel momento estábamos a otras cosas. Ahora, conocidos los efectos de la crisis, con un consumo y dependencia exterior de casi el 80% (fundamentalmente del petróleo y el gas) y con un déficit exterior de 3.750 millones de euros al mes por la compra de los mismos, parece que habrá que retomar el debate en términos realistas, con la conciencia de que tenemos que planificar acertadamente nuestro futuro energético.
Según el Ministerio de Industria, nuestro consumo total de energía se ha incrementado un 135% entre 1973 y finales del 2008, y el consumo del transporte lo ha hecho en un 240%. El mix de energías primarias se compone casi en un 50% a base de petróleo y sus derivados, 20-25% gas natural, menos del 15% carbón, casi un 10% energía nuclear y el resto lo aportan las energías renovables, con el 7%. El transporte consume el 40%, la Industria el 30% y el sector servicios y residencial el 25%. En Europa, con una dependencia energética exterior del 55% de las energías fósil, los sectores residencial y comercial consumen el 41,1% (debido al peor clima), y han realizado algunos deberes en ahorro y eficiencia en el transporte (31%) y la Industria (27,9%).
Ante esos datos, el balance energético español del 2008 indica que nos abastecemos sólo en un 21,6% con energías propias, aportando las renovables el 7,6% de la energía primaria o, lo que es lo mismo, un 20,7% de la electricidad consumida. Durante 2008 el incremento de las energías renovables fue de seis décimas respecto al año anterior, siendo España en la actualidad el primer país de Europa en la producción de energía solar térmica, el segundo en eólica y fotovoltaica y el tercero en minihidráulica. Con todo, las energías renovables están muy lejos de ser alternativa aún a la fósil en nuestro país. La electricidad la producimos en España con gas en un 39,8%, el 20,7% mediante energías renovables, con centrales nucleares un 19,3%, con carbón el 15,9% y mediante fuel-gas el 3,3%. Otras fuentes contribuyen con el 1% y la central nuclear de Garoña produjo el año pasado el 1,28% del total de la energía eléctrica que se consume en España.
Ante este panorama, hemos de entender que no se plantea sólo el futuro de las centrales nucleares, si no el modelo energético que queremos de cara al futuro. Después vendrán otras cuestiones y la entrada de la energía nuclear o no en dicho modelo.
En España, Las primeras centrales nucleares se empezaron a construir a partir de 1960. En 1982, el PSOE, tras su victoria electoral, suspendió el programa nuclear en marcha y en 1991 se paralizaron las obras de las cinco centrales nucleares que había en construcción: Lemoniz I y II, Valdecaballeros I y II y Trillo II. En los años ochenta se inauguraron sin embargo 10 centrales nucleares más, la primera Santa María de Garoña, y en el tiempo transcurrido han sido desmanteladas, o se encuentra en proceso, Valdellos I (Tarragona) y José Cabrera en Guadalajara. El Gobierno deberá revisar en julio los permisos de Garona y antes del 2011 los de las siete centrales restantes que permanecen activas. Su vida útil irá venciendo entre 2021 y 2028.
La central nuclear de Garoña produjo en el 2007 el 1,28% del total de la electricidad neta consumida en España, mientras la producción de la totalidad de las centrales nucleares ascendía al 19,3%. España exporta electricidad actualmente a Portugal, Marruecos, Andorra y Francia, de la que también importa de procedencia nuclear en distintos momentos del año, para mantener la tensión en la red. Con ello, el saldo de la balanza eléctrica está siendo favorable a España desde el 2004. En el 2008 lo fue con 11.221 Gigawatios-hora, un 95% superior a las cifras del 2007. Un aumento que, según Red Eléctrica, se debe a que se incrementaron un 19% las exportaciones a los países citados y han disminuido un 30% las importaciones de Francia.
Con estas cifras, y el fuerte avance que van registrando estos años las energías renovables, el presidente Zapatero estima que podría prescindirse de Garoña y clausurar las restantes centrales nucleares, a medida que vayan concluyendo sus periodos de vida útil, si bien el Gobierno no se ha pronunciado oficialmente y de forma definitiva aún. Sí lo han hecho en contra de prescindir de la energía nuclear personalidades del PSOE como Joaquín Almunia, Javier Solana o Felipe González.
A pesar de todo, antes de pronunciarse respecto a la energía nuclear sí o no, se entiende que debiera abrirse un debate energético amplio, para decidir y diseñar el futuro energético que deseamos para este siglo. Antes que la alternativa de unas fuentes energéticas u otras, habrá que definir el modelo que queremos en función de nuestras necesidades, las alternativas tecnológicas que tenemos y los instrumentos de regulación y control que queremos para el mismo. Habrá que tener en cuenta múltiples variables, como la reducción de las emisiones de CO2, el impacto económico que puede tener el modelo, la independencia y seguridad que nos pueda aportar, su sostenibilidad, las garantías que ofrece de abastecimiento y suministro, los gastos directos e indirectos que vaya a producir, las formas de distribución que vaya a precisar, su competitividad y cuantas cuestiones sean precisas.
Junto al modelo y las fuentes que lo vayan a garantizar habrá que establecer además nuevos criterios para el uso racional de la energía, el ahorro y la eficiencia, especialmente en el transporte, la reducción drástica de la contaminación, la gestión de la demanda y cuantas medidas sea preciso tomar para alcanzar la máxima seguridad, mejorando el ahorro y la eficiencia energética y rebajando la intensidad de la misma en todas nuestras actividades económicas. Tenemos que ser capaces de dejar a nuestros hijos un sistema energético y económico más justo y cabal que el que mantenemos ahora.
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