Diario de Navarra, 15 de abril de 2008
Artículo de Emilio Huerta, director del Centro para la Competitividad de Navarra/Institución Futuro y Catedrático de la UPNA
En un estudio presentado por la Fundación BBVA se indica que Navarra ocupa el tercer puesto en competitividad después de Madrid y el País Vasco. El trabajo asocia la competitividad con el nivel de prosperidad de las regiones y confirma que el PIB per cápita es un buen indicador de la competitividad de las comunidades autónomas. El resultado es valioso porque posiciona a Navarra como una de las tres comunidades más dinámicas del país.
Sabemos que el crecimiento de una economía se explica por un lado, por el crecimiento del empleo, hay más personas trabajando y por tanto produciendo, y por otro, por la mejora de la productividad, las personas empleadas como consecuencia de incrementos en la eficiencia, son capaces de producir más bienes o servicios. De estos elementos, la clave del aumento de la renta de un país es el crecimiento de su productividad. Esto es así porque mientras el empleo se encuentra limitado por el techo de la plena ocupación, el crecimiento de la productividad es una variable que se puede gestionar y mejorar mediante decisiones institucionales y empresariales. Además, el crecimiento de la productividad es importante porque la remuneración de los factores se encuentra vinculada a su evolución.

Por todo ello, el resultado presentado es positivo. Navarra se encuentra en el grupo de regiones españolas que lideran el ranking de prosperidad. Ahora bien, ¿Es esta comparación completa y por tanto, relevante? La respuesta es no. La fotografía ofrecida presenta unos perfiles menos exitosos si la comparación la realizamos con las regiones europeas más desarrolladas. En este caso, la percepción es distinta y nos indica con claridad el esfuerzo que todavía tenemos que hacer cuando nos medimos con los mejores. Si nos comparamos con las regiones que pertenecen al 20% de las que tienen mayor renta per cápita en Europa, grupo en el que está Navarra, observamos que nuestra Comunidad se encuentra en posiciones atrasadas, en lo que se refiere al nivel de su productividad. Además, el crecimiento de la productividad se sitúa en una tasa media anual, en el periodo 1999/2003, de 3,5%, inferior al obtenido por regiones como Oxfordshire, Sussex, Stuttgart, Bremen, Groningen , Lombardía, Emilia Romagna, Vorarlberg o Irlanda, entre otras.

Por tanto, la evidencia nos indica que no estamos reduciendo la brecha que tenemos con las regiones más avanzadas. Nuestro esfuerzo de mejora nos sitúa entre las primeras regiones españolas, pero es insuficiente para reducir la distancia que nos separa de las regiones europeas más dinámicas.

Estas comparaciones nos revelan que tenemos deficiencias importantes en el desarrollo de nuestros entornos tecnológicos y de innovación y el funcionamiento de los mercados laborales, financieros y de emprendedores. Las regulaciones del marco industrial y social de nuestra economía son elevadas y muchas, ineficientes. El esfuerzo que las empresas navarras están haciendo para desarrollar estrategias más orientadas a la diferenciación, internacionalización y diversificación de sus actividades es todavía modesto.

Por ello, debemos establecer un diagnóstico riguroso de las restricciones de nuestra economía. Se trata de encarar con decisión las reformas del marco laboral, empresarial e institucional necesarias para acercarnos de forma más consistente a las regiones europeas que lideran el avance.