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Acabamos de conocer el lamentable dato de que Navarra se encuentra en la posición 85 de las 243 regiones europeas en cuanto a PIB. Este dato, ofrecido por la oficina estadística de la Unión Europea, Eurostat, para el año 2022, resulta especialmente grave puesto que supone una caída de 45 puestos en 15 años (en 2007 estábamos en el puesto 40). Lo que significa que hay otras muchas regiones europeas que lo están haciendo mucho mejor.

Son datos que a Institución Futuro no le sorprenden. Mientras en las regiones europeas más avanzadas sí se han implementado políticas proactivas de desarrollo de la nueva economía con apuestas por el valor añadido, la competitividad o las infraestructuras, aquí en España y por extensión en Navarra, el mensaje es muy simple: “hay que cobrar más y hay que trabajar menos”, sin ninguna mención al esfuerzo personal, la innovación o la productividad.

No cabe duda que en términos políticos, los gobiernos de turno lo tienen fácil. Es tentador mantener a las sociedades anestesiadas con subvenciones, ayudas y mensajes populistas, ya que para cuando al cabo de décadas la población perciba que es realmente más pobre que sus vecinos, ya no hay nadie a quien pedirle cuentas.

Navarra está claramente estancada y, lo que es peor, no se percibe el impulso político y social para mejorar. Y cuando uno no avanza, la caída puede no percibirse de inmediato. Como la fábula de la rana que no era consciente de que la estaban cociendo a fuego lento hasta que era demasiado tarde. Y se achicharró. Comparándonos con otras regiones europeas vamos a peor en cuanto a PIB per cápita, en competitividad, en fiscalidad…

Desde la apuesta por las energías renovables, hace ya más de 30 años, ninguna otra actividad económica relevante se ha sumado al panorama económico foral, con la insigne excepción de la industria agroalimentaria. En nuestro territorio se han paralizado, bajo mandato político, todas las grandes infraestructuras: el TAV, el Canal, líneas eléctricas y las conexiones viarias. No se ha acometido ninguna gran inversión pública en los últimos diez años. A día de hoy, para ir en avión hay que irse a Bilbao; para viajar en AVE a Zaragoza; para viajar por autovía hay que llegar a Soria; y mientras tanto más de 70.000 navarros de la Ribera siguen sin tener agua de calidad para boca al no haberse desarrollado la segunda fase del Canal de Navarra. Lamentable.

De otros sectores estratégicos identificados hace años como la biomedicina, biotecnología, nanotecnología o incluso la mecatrónica, y salvo honrosas excepciones, apenas hay noticias de grandes inversiones o de nuevas empresas punteras. Todo ello dinamitado con la peor política fiscal de España, atacando a la iniciativa privada y engordando sin límite el gasto y el sector público foral.

Frente a Navarra, que crece un pobre 15% en su PIB per cápita del año 2007 (31.400€ por habitante) al 2022 (36.400€ por habitante) tenemos a regiones como Madrid, que crece un 50% más o Galicia y Extremadura, CCAA que aunque partían de una peor posición han sabido recortar las diferencias.

En cuanto a la media de la Unión Europea, su crecimiento ha sido 3 veces el de Navarra y podemos encontrar regiones que partían con un PIB per cápita inferior al de la Comunidad Foral en países como Polonia, Rumanía, Bulgaria y Hungría entre otros, que han crecido 10 veces más que nosotros; pero otras regiones de países que hace quince años eran más ricos, como Bélgica o Dinamarca lo han hecho entre 4 y 5 veces. Tendríamos que fijarnos en algunas regiones de Grecia y otras de España para conocer las que han crecido menos que Navarra en este periodo estudiado de 2007/2022.

Todo ello nos lleva a pensar que hay mucho por hacer. Lo primero que sugiero es aprender de lo que están haciendo otras regiones y países que nosotros no hacemos, para intentar replicar y poder conseguir resultados equivalentes. Un primer paso pudiera ser mejorar la productividad. De esta forma, las empresas podrían subir los salarios sin reducir sus beneficios y, automáticamente, la riqueza de la región y los ingresos fiscales aumentarían. ¿Pueden hacer algo nuestros gobernantes? Sin duda. Apostando por sectores que requieran ocupaciones de alta cualificación. Reduciendo las cargas burocráticas y reguladoras. Con un plan claro y continuado para hacer crecer a las pequeñas y medianas empresas. Apoyando la formación tanto de los empleados como de los puestos de mando de las empresas. Actuando contra el absentismo. Optimizando los Fondos Next Generation con los Pertes a la cabeza. Fomentando las inversiones de la empresa, el I+D…

Tenemos tarea pendiente. Navarra ha hecho crecer su PIB, entre 2007 y 2022, entre otros factores por el incremento de población (60.000 personas). En una CCAA con un desempleo cercano al 10%, cualquier estrategia que incorpore ciudadanos a la vida laboral es bienvenida. Hacerlo mejorando la riqueza generada por cada uno de ellos, lo es todavía más.

La constatación de la abultada pérdida de posición de Navarra a escala europea resulta, sin duda, esta pésima noticia económica que debería remover todos los resortes sociales y económicos para promover amplios consensos políticos con el ánimo de llevar a cabo programas de desarrollo estables, potentes y eficaces a largo plazo. Y de paso, apartar de una vez a todos aquellos que están consiguiendo su objetivo estratégico: el atraso social y económico de Navarra. Que no nos pase como la rana.

José María Aracama. Presidente del ‘think tank’ Institución Futuro

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