Expansión, 16 de marzo de 2007
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
Mañana sábado, a las cinco de la tarde, los navarros saldrán a la calle con el lema “Fuero y libertad. Navarra no es negociable”. La abundancia de manifestaciones contra la política de Zapatero con ETA puede devaluar el significado de esta convocatoria y que se ignore que constituye la clave para frenar el chantaje terrorista. El futuro de España se juega en Navarra.
La reivindicación permanente de Otegi a Zapatero es que inicie un procedimiento que incorpore Navarra al País Vasco. De hecho ya existió un órgano común permanente propiciado por el Partido Socialista de Navarra (PSN) en 1995, que fue efímero por romperse aquel gobierno con participación nacionalista por el escándalo de las cuentas del PSN en bancos suizos.
Conviene repasar la estrategia batasuna y entender por qué ahora ‘no toca’ pedir la independencia sino la anexión de Navarra. Los motivos son varios: esta reivindicación todavía suena demasiado fuerte para la mayoría de los vascos, el riesgo del suicidio económico de una emancipación contra España es real, el País Vasco necesita de la legitimidad del antiguo reino pirenaico (Navarra fue un reino unido a la corona de España hasta 1841) y, por último, les conviene duplicar su diminuta extensión para tener un área de desarrollo.
Son muchos los que se engañan pensando que el futuro de Navarra depende exclusivamente de los navarros. La realidad es que si en las próximas elecciones la suma de los votos de Unión del Pueblo Navarro (UPN) y Convergencia de Demócratas de Navarra (partido de centro que proviene de una escisión de UPN) no alcanzan la mayoría, el destino de Navarra estará en manos de la dirección socialista de la calle Ferraz. No en vano esa ejecutiva impuso hace unos meses a Fernando Puras como candidato al Gobierno de Navarra en las próximas elecciones, frente al esperado: el actual Secretario General del PSN, Carlos Chivite. La consecuencia de esta nominación centralista es que, al margen de las buenas intenciones que le atribuyo al Sr. Puras, éste tendrá que obedecer a los mandatos de Ferraz, pues contará más la estrategia nacional que el destino de una pequeña región de seiscientos mil habitantes.
Merece la pena recordar algunos hechos para vislumbrar lo que puede ocurrir. Siempre que el PSN ha tenido fuerza suficiente ha desbancado a UPN del gobierno de las instituciones. Lo hizo tanto en 1995 con el Gobierno tripartito del socialista Javier Otano como en 2003 en los ayuntamientos de cinco de las mayores localidades navarras: Barañáin, Estella, Tafalla Burlada y Sangüesa. En todos estos casos el PSN unió sus fuerzas con nacionalistas de todo signo, algo similar a lo que los socialistas catalanes han hecho recientemente. La diferencia entre un pacto con los nacionalistas en Navarra, respecto al habido en Cataluña, es el riesgo de ruptura en los doce siglos con historia propia como reino o región diferenciada.
La trayectoria descrita del PSN está en línea con la actitud de La Moncloa hacia Navarra. Los votos del PSOE impidieron hace unos meses que Navarra adelantase la construcción del AVE, algo que tiene ya concedido el País Vasco (comunidad con menor techo competencial). Otra cuestión preocupante es que Navarra será la última región en disponer de una vía de gran capacidad por carretera que la conecte con Madrid. En el capítulo de desplantes está el que los Ministros de Industria y de Transportes visitaran Pamplona y se marcharan sin recibir a los Consejeros de sus carteras en la Comunidad; también que el Ministro de Administraciones Públicas no quisiera acudir a Navarra en el XXV aniversario de su ‘Amejoramiento del Fuero’. Por último, está el hecho de que Miguel Sanz es el Presidente autonómico que más tiempo lleva esperando para ser recibido por Zapatero. No se entienden estos agravios hacia Navarra, una comunidad que ha demostrado su lealtad y solidaridad con España, a la que por cierto transfiere cada año mil cien millones de euros.
Si Navarra es anexionada al País Vasco, éste tendrá legitimidad para luchar por su independencia. Si esta emancipación se otorgara desde La Moncloa para lograr una paz sin libertad en ese territorio, a continuación Cataluña y Galicia reclamarían lo mismo. Por eso el futuro de España pasa por Navarra. Si ese bastión ante el nacionalismo se pierde o, lo que es peor, se entrega, viviremos años de convulsiones. Ojalá seamos muchos los que podamos estar mañana en la manifestación en Pamplona. No sólo está en juego la libertad de Navarra, sino la de toda España.
Institución Futuro
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