Expansión, 6 de junio de 2007
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
¿Por qué es tan importante para España que Unión del Pueblo Navarro (UPN), el partido afín al PP, logre el gobierno de Navarra? Es cierto que la Comunidad Foral tiene sólo 600.000 habitantes, pero, en la actual situación de inseguridad y debilidad del Estado, Navarra representa la llave que abre o cierra la puerta a un largo proceso que llevaría a la desmembración de España.
Los nacionalistas no tienen prisa, y su incorporación al Ejecutivo navarro no tendría consecuencias inmediatas. Sería el inicio de un largo camino para que, al final, esta región perdiera su carácter de comunidad autónoma. El cambio de estatus jurídico haría que Navarra se convirtiera en un territorio histórico más dentro del País Vasco, con la pérdida de su actual capacidad legislativa. El avance del nacionalismo supondría también una pérdida de libertad para los navarros que piensan diferente, lo que movería a muchos de éstos a emigrar, tal como ha ocurrido en el País Vasco. Una vez que Navarra hubiera sido incorporada al País Vasco, éste tendría la legitimidad jurídica para pretender la independencia.
Con frecuencia, los asuntos más importantes no se deciden por referéndum, sino por pactos parlamentarios en los que los intereses de los políticos y de sus partidos cuentan más que el bien de los ciudadanos. La legalidad de la mayoría del tripartito NafarroaBai (NaBai), Partido Socialista (PSN) e IU es una aberración democrática y va en contra de la legitimidad del sentido de la voluntad de los electores. No hay que olvidar que un 76,3% de los electores ha votado opciones no nacionalistas y, sin embargo, puede acabar tragando un Ejecutivo con nacionalistas.
El hartazgo de la sociedad civil
La sociedad civil está muy harta de que los políticos no respeten el sentir mayoritario de los ciudadanos. Es innegable que la opción que satisface a más navarros es la formada por UPN, PSN y CDN (partido surgido de una escisión de UPN). Estos partidos, que presentan la ventaja de carecer de las flagrantes contradicciones internas de la coalición alternativa, tienen la obligación imperiosa de conseguir el pacto. En el momento que escribo, la única certeza es que el candidato socialista Fernando Puras, si quiere, puede ser presidente; le bastaría con aceptar el apoyo que le brindan NaBai e IU. Sin embargo, este triunfo socialista puede tener unas consecuencias funestas para el futuro del PSOE y de su presidente.
La ruptura de la tregua de ETA anunciada ayer y las cartas de los terroristas chantajeando a los empresarios ponen en aprietos a Zapatero. Si ahora, con toda la opinión pública en contra por su absoluto fracaso en la negociación con ETA, es incapaz de cortar con los nacionalistas, es que ha perdido la poca credibilidad que le quedaba. Zapatero puede cavar su tumba política en Navarra si no pacta con UPN un gobierno de coalición con Miguel Sanz o con otra persona de su partido si fuera éste el precio político a pagar.
Zapatero necesita hacer un gesto de ruptura con el nacionalismo radical que participa en NaBai para recuperarse de tantos fracasos cosechados recientemente. Sorprende que no sean los propios socialistas los que propicien que Zapatero entre en razón. El fiasco del tripartito catalán es una lección demasiado próxima para haberla olvidado. De ahí que Zapatero deba ceder este gobierno regional si pretende gobernar en toda España. Conviene recordar que quien manda en el PSN es Ferraz, mientras que UPN es un partido autónomo, que decide en Pamplona y en el que el PP no manda, sino que en todo caso intenta ayudar, puesto que ambos comparten una misma visión de la nación.
La coalición que mejor puede servir a Navarra y defender a España del nacionalismo separatista es la de UPN-PSN-CDN. Esta alianza debería integrar todas las sensibilidades compatibles y proclamar su respeto por la lengua y la cultura vascas como elementos esenciales de la identidad de Navarra. Ambas se deben fomentar, pero asegurándose de que no se conviertan en vehículos para impulsar la anexión al País Vasco, o fomentar un sentimiento de exclusión social hacia los que se consideren españoles además de vasco-navarros.
La Comunidad Foral necesita un gobierno estable para toda la legislatura. La coalición UPN-PSN-CDN representaría tres cuartas partes de los votos y, de llegar a gobernar, frenaría las pretensiones anexionistas. Los navarros necesitamos del acreditado talento de los líderes de esos partidos para encontrar un presidente que satisfaga los anhelos de la mayoría: que la diversidad que encierra Navarra sea un elemento de cohesión y no de fractura, un escenario de estabilidad para que la economía siga prosperando y, por último, que los de fuera respeten que el ‘Viejo Reyno’ prosiga su milenaria historia como pueblo libre diferenciado dentro de la nación española.
Con frecuencia, los asuntos más importantes no se deciden por referéndum, sino por pactos parlamentarios en los que los intereses de los políticos y de sus partidos cuentan más que el bien de los ciudadanos. La legalidad de la mayoría del tripartito NafarroaBai (NaBai), Partido Socialista (PSN) e IU es una aberración democrática y va en contra de la legitimidad del sentido de la voluntad de los electores. No hay que olvidar que un 76,3% de los electores ha votado opciones no nacionalistas y, sin embargo, puede acabar tragando un Ejecutivo con nacionalistas.
El hartazgo de la sociedad civil
La sociedad civil está muy harta de que los políticos no respeten el sentir mayoritario de los ciudadanos. Es innegable que la opción que satisface a más navarros es la formada por UPN, PSN y CDN (partido surgido de una escisión de UPN). Estos partidos, que presentan la ventaja de carecer de las flagrantes contradicciones internas de la coalición alternativa, tienen la obligación imperiosa de conseguir el pacto. En el momento que escribo, la única certeza es que el candidato socialista Fernando Puras, si quiere, puede ser presidente; le bastaría con aceptar el apoyo que le brindan NaBai e IU. Sin embargo, este triunfo socialista puede tener unas consecuencias funestas para el futuro del PSOE y de su presidente.
La ruptura de la tregua de ETA anunciada ayer y las cartas de los terroristas chantajeando a los empresarios ponen en aprietos a Zapatero. Si ahora, con toda la opinión pública en contra por su absoluto fracaso en la negociación con ETA, es incapaz de cortar con los nacionalistas, es que ha perdido la poca credibilidad que le quedaba. Zapatero puede cavar su tumba política en Navarra si no pacta con UPN un gobierno de coalición con Miguel Sanz o con otra persona de su partido si fuera éste el precio político a pagar.
Zapatero necesita hacer un gesto de ruptura con el nacionalismo radical que participa en NaBai para recuperarse de tantos fracasos cosechados recientemente. Sorprende que no sean los propios socialistas los que propicien que Zapatero entre en razón. El fiasco del tripartito catalán es una lección demasiado próxima para haberla olvidado. De ahí que Zapatero deba ceder este gobierno regional si pretende gobernar en toda España. Conviene recordar que quien manda en el PSN es Ferraz, mientras que UPN es un partido autónomo, que decide en Pamplona y en el que el PP no manda, sino que en todo caso intenta ayudar, puesto que ambos comparten una misma visión de la nación.
La coalición que mejor puede servir a Navarra y defender a España del nacionalismo separatista es la de UPN-PSN-CDN. Esta alianza debería integrar todas las sensibilidades compatibles y proclamar su respeto por la lengua y la cultura vascas como elementos esenciales de la identidad de Navarra. Ambas se deben fomentar, pero asegurándose de que no se conviertan en vehículos para impulsar la anexión al País Vasco, o fomentar un sentimiento de exclusión social hacia los que se consideren españoles además de vasco-navarros.
La Comunidad Foral necesita un gobierno estable para toda la legislatura. La coalición UPN-PSN-CDN representaría tres cuartas partes de los votos y, de llegar a gobernar, frenaría las pretensiones anexionistas. Los navarros necesitamos del acreditado talento de los líderes de esos partidos para encontrar un presidente que satisfaga los anhelos de la mayoría: que la diversidad que encierra Navarra sea un elemento de cohesión y no de fractura, un escenario de estabilidad para que la economía siga prosperando y, por último, que los de fuera respeten que el ‘Viejo Reyno’ prosiga su milenaria historia como pueblo libre diferenciado dentro de la nación española.