Diario de Navarra, 28 de octubre de 2012
Por Emilio Huerta, miembro de Institución Futuro, y Fernando Lacabe, socio director de CIES
En Navarra continuamos estancados en la crisis de demanda y seguimos estancados en el crecimiento, que va a ser negativo en los próximos dos trimestres. Y ante la perplejidad y asombro de muchos ciudadanos, no se perciben señales claras para avanzar en la resolución de esta situación tan difícil, más al contrario hay un exceso de declaraciones y posiciones políticas variadas, algunas de ellas bastante insensatas.

 

Las perspectivas para la economía no son nada favorables. Un entorno caracterizado por el mantenimiento de condiciones financieras adversas, una atonía profunda del gasto privado, consumo e inversión, y un gasto público que intensifica su trayectoria contractiva. Todo esto nos aboca a más desempleo y menos renta. Y ante la gravedad de la situación, la valoración de las instituciones políticas y económicas por parte de los expertos navarros consultados por el Observatorio de Clima Económico, continúa en descenso, ninguna de las instituciones alcanza el 4, cuando hace dos años varias superaban con holgura el 5. El Gobierno de España, que tenía la puntuación mínima, sube a 5,7 con el cambio de gobierno efectuado en Marzo de 2012, pero vuelve a caer a los seis meses en esta medición. Algo parecido le sucede al Gobierno de Navarra que desde Octubre 2010, oleada en la que alcanzó seis puntos, ha descendido a 2,8. Por otro lado, la oposición en Navarra, testada por primera vez, alcanza sólo 1,3.

Ello nos indica la bajísima valoración que los expertos entrevistados otorgan a la clase política y a su actuación ante la crisis. La desunión en un momento tan delicado y el interés por sacar réditos y ventajas políticas de la situación, hace que se perciba a la clase política como parte del problema y no como un elemento clave de la solución.

Si, de forma muy básica, se puede resumir que el partido en el gobierno es partidario de llevar a cabo recortes presupuestarios y la oposición, de subir los impuestos tanto a las personas físicas como a las empresas, quizás debería plantearse un camino intermedio en el que se realicen reformas en la estructura de los impuestos directos, que está llena de inconsistencias, deducciones y desgravaciones de difícil justificación, para simplificar y mejorar su eficiencia y equidad y , por otro lado, se tomen medidas para modernizar un sector público absolutamente inviable para nuestros niveles de renta y bienestar. Estamos en tiempos de ruido y furia por eso hay que exigir a los políticos que se corresponsabilicen del pasado, del presente y sobre todo, del futuro.