Esa actitud de aburguesamiento actúa como un virus que provoca una paralizante esclerosis en la actividad económica promovida por los particulares, quienes prefieren depositar su confianza en el Gobierno de Navarra, en lugar de hacerlo en el propio esfuerzo. La conveniencia de que cada ciudadano esté activo y participe en sacar Navarra adelante resulta más imprescindible si cabe, cuando es un hecho innegable que la economía sufre una desaceleración grave, tal como muestran las fuertes restricciones al crédito, el descenso del crecimiento del PIB español, del 3,8% al 2,5% (OCDE), y la pérdida de empuje de sus dos locomotoras: la construcción y el consumo interior. Además, estos malos datos se enmarcan en un escenario de incertidumbre mundial con dificultad para establecer previsiones, porque los cambios ocurren con rapidez.
Desafortunadamente la clase política en España se mueve más por el corto plazo de conceder caprichos a los que menos aportan y más exigen, que a lograr una prosperidad estable en el tiempo, por estar basada en el ágil espíritu emprendedor de la sociedad civil. Tenemos que convencernos de que los pródigos beneficios sociales tienen un mayor coste cuando los proporciona un ente público, que cuando lo hace la iniciativa privada. El aparente “gratis total” con que venden los políticos una nueva prestación siempre va aparejada a una mayor presión fiscal sobre la sufrida clase media. Respecto al riesgo, es indiscutible que a medida que crecen las partidas estructurales del presupuesto público, como el capítulo de personal, aumenta el gasto comprometido, lo que reduce seriamente el margen de maniobra para afrontar probables crisis. Es bien sabido que el Gobierno tiene unos ahorrillos que no van a necesitarse en el 2008, pero si ahora no introducimos sobriedad, habrá que gastarlos en años venideros para cubrir déficit estructurales, lo que abocaría a una grave crisis.
Institución Futuro presentó antes del comienzo del debate presupuestario su “Comentario a los Presupuestos Generales de Navarra 2008”, estudio realizado por el catedrático de hacienda pública y ex-director del Instituto de Estudios Fiscales D. Juan José Rubio. Nuestras propuestas animaban a los políticos a que frenaran la espiral del gasto público y se tomaran medidas mucho más contundentes que las puestas en práctica hasta ahora para favorecer la competitividad de las empresas e incentivar el espíritu emprendedor de los ciudadanos. Al desoír nuestras sugerencias, Navarra perdió una oportunidad para pertrecharse mejor ante una crisis que va a ser más fuerte de lo que nuestros políticos advertían. Hubiera sido deseable que el obligado pacto presupuestario se hubiera realizado no desde una miope óptica electoral clientelista, sino desde la grandeza de atreverse a hacer lo que Navarra necesita: ser competitiva globalmente, lo que exige promover que lo sean sus ciudadanos.