Diario de Navarra, 22 de noviembre de 2007
Emilio Lamo de Espinosa, Catedrático de Sociología
Doctor en Derecho y catedrático de Sociología en la Universidad Complutense, Emilio Lamo de Espinosa insistía ayer, invitado por la Institución Futuro, en el nuevo poder de las potencias emergentes en contraste con una España que, a su juicio, mira más a su interior que hacia fuera. El que también fuera director de la Fundación Ortega y Gasset apeló al pensamiento orteguiano para recordar que, si el problema es España, las soluciones se encuentran en Europa y en el mundo.
Doctor en Derecho y catedrático de Sociología en la Universidad Complutense, Emilio Lamo de Espinosa insistía ayer, invitado por la Institución Futuro, en el nuevo poder de las potencias emergentes en contraste con una España que, a su juicio, mira más a su interior que hacia fuera. El que también fuera director de la Fundación Ortega y Gasset apeló al pensamiento orteguiano para recordar que, si el problema es España, las soluciones se encuentran en Europa y en el mundo.

Madrileño, apasionado por la vela, 61 años, casado, con tres hijos y dos nietos, conferenciante habitual en Pamplona, insiste en que el 60 % de la población de la tierra es asiática, que el peso del mundo se desplaza a Asia. Recuerda «que los países emergentes ejercen una presión sobre todas las materias primas y aumentan su arsenal armamentístico para tener peso internacional». Considera, según los analistas, que el adelantamiento de la economía china a la de Estados Unidos deberá ocurrir hacia el 2030 o 2040, más o menos cuando la de la India se equipare a la norteamericana.

Sociólogo de profesión. ¿Qué datos y qué cifras maneja sobre la sociedad española que ayuden a ser optimistas?

Si nos comparamos con hace 30 años podemos decir que jamás los españoles hemos tenido más libertad y más bienestar. Estoy convencido que los historiadores dirán que el reinando de Juan Carlos I ha sido uno de los periodos más brillantes de nuestra historia. De un país que en los años 50 y 60, e incluso en los 70, era un país semifascista, con una cultura fudamentalista religiosa, con una economía autárquica, cerrada, de un país que era el paria de Europa, hemos pasado ahora a estar entre los diez u once países primeros del mundo, por encima de la media de los 27 de Europa, y participante en operaciones de paz en medio mundo.

¿Y qué datos le preocupan?

Me preocupa mucho que se ha producido una involución en ese modo de estar de los españoles que se articuló y plasmó en la transición. En aquel momento decidimos mirar al futuro y considerar que la guerra civil fue una tragedia y un error colectivo. Miremos al futuro de nuestros hijos y no a los problemas de nuestros padres o abuelos. Aquel momento dio un enorme ímpetu al país. Sigamos el consejo de Ortega cuando dijo que Europa es la solución y decidamos hacer un país moderno. Pero me temo que dejamos de preocuparnos por el futuro y volvemos al pasado. Nos preocupa la Guerra Civil, renacen elementos que creíamos archivados como la corona, el republicanismo y la articulación territorial del Estado.

¿La globalización contribuye o evita la fragmentación de los estados?

Fortalece la forma Estado. Otra cosa es que muchos estados soberanos cada vez lo sean menos, porque el grado de interdependencia de las sociedades es altísimo. Tenemos hoy una economía mundial, una seguridad, una opinión pública, un clima y una salud y hasta pandemias mundiales. El elenco de temas que sólo se pueden abordar a nivel mundial no para de crecer, pero los estados no se ponen de acuerdo para administrar los problemas que saltan nuestras fronteras. Aún no estamos ante la emergencia de un nuevo orden mundial, sino ante una sociedad mundial o transnacional. En este momento el único sujeto es la humanidad. Es aquella frase latina de que nada humano nos es ajeno; y aquí nos peleamos por el pasado y por cuestiones identitarias cuando el peso estratégico del mundo se marcha al Pacífico, el peso de Europa gira al Este y corremos el riesgo de quedar fuera.

¿Ha perdido España fuerza en el campo de juego de América Latina?

Lo que ha ocurrido recientemente en Chile es el cuarto gran fracaso del gobierno. El primero fue el deterioro de las relaciones con EE.UU.; el segundo, nuestra mala apuesta europea por el eje París-Bonn que ni Merkel ni Sarkozy lo van a seguir. El tercer fracaso fue en el Magreb. Dijo Rodríguez Zapatero que iba a arreglar el problema del Sahara y no solo no se ha arreglado, sino que se ha complicado todo con Ceuta y Melilla y ahora nos complicamos con América Latina. A este gobierno no le interesa la política exterior cuando el futuro de España está fuera de España y en nuestra capacidad de funcionar en un mundo globalizado.

¿De los modelos económicos europeos: el mediterráneo, el anglosajón y en nórdico, cuál entiende que es el más aconsejable?

Depende del contexto. Deberíamos hacer la transformación que han hecho los nórdicos pasando a una economía del conocimiento, que es la estrategia de Lisboa. Y eso acarrea de forma creciente una pérdida de competitividad. Pero, a diferencia de los nórdicos, España, por su tamaño, posición geográfica e intereses, debe tener mucha más presencia exterior.

Usted fue director general de universidades. ¿Estamos lejos del espacio universitario europeo que propone Bolonia?

Llega en un mal momento porque es la tercera transformación de la universidad española en 20 años, y eso agota. Es una cuestión poco pensada y poco diseñada. Pero puestos a buscar elementos de unificación europea no creo que sea un proceso prioritario para que aumente la circulación de mano de obra. Más relevante hubiera sido buscar asignaturas y libros de historia comunes. Por otra parte hay un ensimismamiento regional y provinciano que se nota en una institución como la universidad, que debería ser universal.

Institución Futuro
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