
Por eso antes de que vuelvan a aparecer las viejas recetas, los lugares comunes y las ideas de siempre, necesitamos un diagnóstico lo más certero posible que precise cuánto hay en esa tasa de paro, de fricciones en el mercado de trabajo y cuanto de insuficiencia de la demanda.
Por eso resulta imprescindible recordar algunas evidencias. El desempleo masivo es la manifestación de la enorme debilidad del consumo, inversión pública y privada. La demanda de empleo es una demanda derivada. El gasto, público y privado, financiado con deuda ha sido la herramienta utilizada para estimular el crecimiento hasta la crisis. Este endeudamiento ha permitido consumir ahora, aumentar nuestro nivel aparente de bienestar y pagar más adelante, en el futuro.
El problema surge cuando se tiene que devolver ya esa enorme cantidad de dinero recibido. El exceso de endeudamiento público y el cumplimiento de los objetivos de déficit limitan el aumento de la inversión pública. Sólo una reducción de gastos corrientes de la administración puede liberar recursos para aumentar la inversión pública.
La recuperación del empleo sólo será efectiva cuando se recupere la inversión privada. Sin inversión no hay empleo, son las empresas las que contratan. Las decisiones de inversión dependen de la disponibilidad de fondos y sobre todo, de las expectativas de aumento de la demanda y de que la rentabilidad de los nuevos proyectos sea superior al coste de su financiación.
Los datos de la Central de Balances del Banco de España muestran una reducción muy notable de la rentabilidad de la inversión sobre activos, la rentabilidad económica, para el conjunto de las empresas españolas en el periodo 2007/2012. Esta caída se explica en mayor medida por la reducción de la productividad del capital y menos por la evolución de los márgenes. La caída de la rentabilidad frena la inversión productiva.
La moderación salarial y el ajuste del empleo en las empresas han reducido el coste laboral y ha aumentado la productividad del trabajo, pero a su vez, se ha producido un exceso de capacidad productiva, la productividad del capital se ha reducido. La variable relevante es la productividad total de los factores no la parcial. Los incentivos tradicionales a la contratación no han resultado eficaces. Actúan sobre el paro friccional pero no sobre el volumen agregado a contratar. Nadie contrata a quien no necesita aunque resulte más barato.
Actuar sobre la productividad total de los factores es el camino más robusto para incidir sobre el crecimiento, pero su impacto a corto plazo es modesto. La contención salarial junto con medidas de flexibilidad interna y reorganización de los procesos y actividades es mejor que el ajuste externo.
En suma, no hay medidas que tengan un efecto inmediato sobre el desempleo y las que se ofrezcan, o son muy meditadas y abordan sus causas o no servirán para nada. Demasiadas veces hemos aumentando nuestro consumo hasta llegar a un nivel de endeudamiento insostenible y así hemos acelerado artificialmente nuestro crecimiento. El crecimiento estimulado con deuda es una vía cerrada.
Sólo queda para crecer, aumentarla productividad y competitividad de las empresas. Por eso, si continuamos improvisando, si se utilizan medidas fracasadas, volveremos a perder una nueva oportunidad para pensar colectivamente, actuar con determinación y generar confianza para emprender un camino que permita vislumbrar que hay luz al final del túnel.