A menudo se defienden los aspectos positivos de la apertura de mercados, de la accesibilidad a nuevos productos y de la capacidad que tenemos hoy en día de adquirir bienes de cualquier parte del mundo desde la habitación de nuestra casa a través del ordenador. El desarrollo de las tecnologías de las telecomunicaciones, el avance de Internet y su expansión en los hogares no hace sino reforzar esta tendencia. El mundo pasa ahora a ser una gran tienda. Pero la existencia de una gran demanda potencial suele generar a su vez nuevas ofertas y ofertas de productos que no estaban disponibles previamente. El problema surge cuando estos “mercados” rayan los límites de la moralidad y la ética: es el caso del comercio de partes del cuerpo humano. El mercado de “partes humanas” se ha convertido en una industria multimillonaria en (cómo no) Estados Unidos. Tejidos, órganos, tendones, huesos, y cualquier parte del cuerpo humano que podamos imaginar son los factores productivos, la materia prima utilizada y adquirida por grandes empresas que los emplean para la investigación y el desarrollo de nuevos procedimientos e instrumental médico.

Sin ánimo de ser macabro, cuando el precio de una cabeza supera los 900 dólares, las manos y pies suponen varios cientos y las piernas cotizan por encima de 1000, y su demanda es enorme, existen “brokers” decididos a satisfacer dicha demanda. Annie Cheney descubre en Body Brokers: Inside America´s Underground Trade in Human Remains cómo funciona dicho mercado, la manera en que se consiguen, negocian, procesan y administran los restos humanos que utilizan dichas compañías. Naturalmente, la periodista descubre un mundo oscuro de conexiones, intereses, corrupción e intermediarios que actúan guiados por la tentación de los enormes beneficios derivados del negocio de lo macabro. ¿Queda justificado si es “por el bien de la ciencia”?

Entradilla:
A menudo se defienden los aspectos positivos de la apertura de mercados, de la accesibilidad a nuevos productos y de la capacidad que tenemos hoy en día de adquirir bienes de cualquier parte del mundo desde la habitación de nuestra casa a través del ordenador. El desarrollo de las tecnologías de las telecomunicaciones, el avance de Internet y su expansión en los hogares no hace sino reforzar esta tendencia.