
Artículo originalmente publicado en "Diario de Navarra" el 13 de mayo de 2010.
Esta semana hemos vivido un nuevo capítulo histórico en la economía mundial. Si a finales de 2008 el gobierno estadounidense acudió al rescate de su sistema financiero, en esta ocasión es la Unión Europea la que ha hecho algo similar al aprobar el llamado Mecanismo Europeo de Estabilización, con una ayuda de hasta 750.000 millones de euros.
El objetivo de la intervención, en última instancia, es lanzar un mensaje a los inversores internacionales de que los Estados podrán pagar su deuda porque ésta está respaldada por la Unión Europea, que goza de la máxima calidad crediticia (AAA) y cuya solvencia es, por tanto, clara. Su efecto tuvo un impacto claramente positivo en las bolsas europeas, lideradas por la mayor subida de su historia del IBEX35, los diferenciales con respecto al bono alemán se redujeron y el euro se recuperó un 2% con respecto al dólar.
España es uno de los países sobre los que se está hablando mucho últimamente. Sin entrar en comparaciones de si España podría estar en la misma situación que Grecia, es cierto que desde diferentes ámbitos y organismos internacionales se considera necesario que nuestro país reduzca su déficit público y corrija sus desequilibrios estructurales para evitar que su credibilidad en los mercados internacionales empeore, y eso suponga mayores costes para financiar su economía.
España se ve ante la tarea de reducir su déficit público al 3% del PIB en 2013 y necesita dar señales claras de que comienza ya a tomar decisiones y actuaciones encaminadas a ello. Ayer se presentó en el Congreso de los Diputados un paquete de medidas encaminadas a tal fin, que de acuerdo con los cálculos del Gobierno, permitirá una reducción del gasto de 5.000 millones de euros en 2010 y de 10.000 más en 2011.
La valoración de estas medidas tiene, no obstante, una doble lectura. Por una parte, es positiva en cuanto que denota que el Gobierno entiende que es necesario actuar sobre el déficit público. Sin embargo, la lectura negativa viene dada por el calado de las medidas y la incógnita sobre si alcanzarán el objetivo previsto.
Por ejemplo, las medidas planteadas para reducir el gasto en el sector público, basadas en la reducción y congelación de los sueldos de los funcionarios, no actúan sobre cuestiones como la sobredimensión de la Administración Pública, su reorganización, o la implantación de mejoras para el incremento de la eficiencia. En el caso de las medidas en torno al consumo de medicamentos, éstas son apenas un fleco en un ámbito que merece una reflexión y un trabajo serio, que incida en toda la cadena de provisión de medicamentos y que permita reducciones claras del gasto farmacéutico. Estas medidas, que se vienen reclamando desde hace tiempo, siguen sin abordarse de manera decidida, ni tan siquiera en estos momentos de máxima necesidad.
Llama la atención la reducción de la inversión pública, y surge la duda de si se ha tenido en cuenta, suponemos que sí, el posible efecto negativo que podría tener sobre la actividad económica y el empleo en los diferentes sectores y, en consecuencia, la caída de ingresos para las arcas públicas.
Por último, quizá lo que más llama la atención es el principio del que parte la propuesta: no se tocan los pilares del estado del bienestar. No hay que olvidar que los pilares del bienestar se asientan sobre la base de una economía en crecimiento, capaz de generar ingresos que permitan su mantenimiento. Dado el porcentaje que sobre los presupuestos totales suponen los gastos en educación, sanidad y prestaciones, así como la caída de la recaudación tan severa tras un año de crisis, ¿es posible seguir manteniendo ese "estado" y, además, reducir el gasto público en la magnitud prevista? No parece sencillo, y estas medidas no parecen ser de la dimensión y trascendencia deseadas.
No se sabe si estas medidas calmarán los mercados internacionales, quizá sí en el corto plazo; pero sólo serán una prórroga si no corregimos los déficits de nuestra economía. Pensar en el tiempo perdido no aporta mucho y, en todo caso, debe servir para tener claro que ahora es necesario dedicar todos los esfuerzos a poner en marcha medidas y cambios de calado.
Leer más